En los cinco años que llevo trabajando para esta compañía de TI he tenido el privilegio de participar en proyectos de diferente alcance, para diferentes clientes y con distintos equipos de trabajo. En un principio, y como a muchos les habrá ocurrido, empecé como un integrante más del equipo de proyecto. Tuve la suerte y reconozco, la humildad de pedir ayuda cuando lo necesité, de aprender de los mejores en la industria de TI local.
En las distintas líneas de negocio y equipos con los que trabajé pude conocer excelentes profesionales y personas. Con varios de ellos mantengo el contacto hasta el día de hoy y, aunque no hablamos con la frecuencia de antes, me siento orgulloso de decir que fuimos capaces de construir y desarrollar una relación que ha logrado sostenerse/resistir el tiempo y la presión del trabajo diario. Esa fue una de las cosas que aprendí en mis dos primeros años: pedir ayuda, devolverla y mantenerse en contacto.
Enfocado en mis tareas, no advertí que el escenario a mi alrededor había cambiado. De pronto me di cuenta que a las personas les gustaba trabajar conmigo y varios gerentes, de fuera de Chile, me pedían para participar en varios de sus proyectos.
Tras la adquisición de una empresa que desarrolló servidores de alto rendimiento, sistemas operativos y tecnología usada en prácticamente todos los artefactos eléctricos y mecánicos al día de hoy, es que vino una nueva oportunidad. Me había enterado de que se formaría un equipo de ochenta personas y cinco gerentes en Chile y buscaban a alguien con experiencia que pudiese ayudar en la implementación de ese proyecto. Fue así, como solicité una reunión con uno de los directores globales y comenzamos a hablar al respecto. Ahí fue cuando aprendí a negociar: ellos necesitaban algo que yo poseía y yo me presenté como la solución a sus necesidades.
Tres años después, y ya con las operaciones del negocio funcionando a toda marcha, estaba a cargo de un equipo de diecisiete personas y dirigiendo uno de los proyectos más entretenidos hasta ahora.
La narración de la historia suena simple, pero no han sido pocos los obstáculos que mi equipo y yo hemos tenido que sortear para llegar hasta donde estamos. Aprendí de política, de influencias y de humanidad. Me la he jugado, y lo sigo haciendo, por todos los miembros de mi equipo. Aunque a veces
esto no resulta tan evidente para algunos, y no tiene por qué serlo tampoco.
Hubo veces en las que me encerré a discutir acaloradamente con mis jefes cuando algo no me parecía correcto. Y hoy, mirando hacia atrás, veo que fue lo mejor que pude haber hecho. Defender un punto de vista, con argumentos sólidos, mirada estratégica y perspectiva fue lo que ayudó a cimentar las bases de confianza y lealtad en mi equipo. Dejé de evadir los problemas y comencé a ser más espontáneo y honesto, conmigo mismo y con los demás.
Las ganancias superaron con creces la inversión (ROI) - para la organización y para mi - no solo económica, sino también en tiempo y costo personal que implica dirigir un proyecto, que impacta a más de ciento cincuenta y seis empleados de una organización y cientos de clientes que pagan miles de dólares por productos y servicios de primera calidad.
“La rodilla derecha no ha parado de dolerme desde hace dos días y estoy intentando que no se note que cojeo al caminar”.
Eso fue lo primero que me dijo una de mis amigas cuando nos juntamos hoy en la mañana a tomar un café. Me mostró su rodilla y efectivamente estaba un poco más inflamada que la otra (según ella tenía los meniscos inflamados) y cada vez que la doblaba al sentarse o subir o bajar escaleras el dolor le recordaba que no debió haber usado esos zapatos con taco de siete centímetros todo el día.
- Pero no es la primera vez que te pasa, le dije. ¿Por qué diablos volviste a usar los mismos zapatos?
- Es que tengo un tema con llegar a la gente: en ocasiones importantes y cuando tenemos mucho trabajo como sacar fotos a modelos, organizar portafolios para la revista, lanzamientos de temporada y desfiles, me visto lo más elegantemente que puedo para generar un mayor impacto en mi equipo de trabajo y sobre las personas que me rodean.
No sé qué cara puse mientras ella me trataba de explicar, pero creo que debió haber sido digna de portada de revista, ya que se apresuró en justificarse en que la única forma que había encontrado de dirigir sus proyectos con éxito y a tiempo era hacer ese ejercicio de tomar distancia, a través de su apariencia glamorosa pero fría, de su equipo de proyecto para que ellos se enfocasen en sus tareas y las cumpliesen lo más eficientemente posible.
Mi amiga es gerente de proyectos de una conocida revista de modas que se lanza quincenalmente en Argentina, Chile y Brasil, por lo que la presión a la que está exigida es bastante alta y la apariencia y desplante es fundamental, en palabras de ella, para un buen desempeño. Es ingeniero comercial con especialización en marketing, de verdad parece modelo y ambos medimos lo mismo: 1,84 metros. Por lo que le dije que encontraba un poco exagerado que ella usara tacos de de siete centímetros de altura si, de por sí, era más alta que el promedio de las mujeres y que varias modelos con las que trabajaba.
Nos conocimos tres años atrás, en un evento que organizaba mi empresa para clientes. Desde entonces no ha pasado más de un mes en que al menos nos llamemos para saber cómo van nuestras vidas. Ella sabe lo enfocado que soy en mi carrera, la verdad es que ambos somos así, y comprendemos las exigencias de nuestros trabajos. Largas jornadas y noches demasiado cortas. El año pasado estuve todos los martes por la mañana enseñándole acerca de dirección de proyectos con el enfoque del PMI. Ella estaba obstinada en que quería conocer la metodología del PMI, para aplicar algunos principios a sus proyectos en la revista. Al menos puedo decir, que el año pasado, cada martes tomé un desayuno de dioses en la revista :-D y lo mejor de todo es que ella aprendió lo que quería.
Tengo otra amiga que vive en Francia, en Toulouse. Y es de esas personas que a uno lo llegan a conocer tan bien que duda si es que no era la hermana melliza que, por error de la clínica, la entregaron a otra familia. Tenemos una conexión especial. Cuando estaba en Chile salíamos a caminar por horas, a veces sin rumbo definido y conversábamos de todo. Otras veces estábamos en completo silencio, pero era como si siguiésemos hablando y comunicándonos.
Hoy en la mañana, cerca de las 06:30 AM de Chile, estaba chateando con ella a través de Whatsapp, en el gimnasio. Mientras yo intentaba correr en la trotadora me dice“cuidado con distraerte y sacarte la cresta… mira que eso es poco glamoroso”. Yo me reí y le dije que hoy en día eso era lo que menos me preocupaba ya que, según yo, el glamour lo había perdido hace rato y que de seguro no iba a ser la última vez que me cayese en público.
Le dije que una de las cosas que más valoraba de haberme sacudido el glamour de encima, era que ahora me sentía más transparente y espontáneo con los demás y conmigo mismo y que ya no tenía que preocuparme de detalles estúpidos del día a día.
Ella me corrigió de inmediato: "el glamour, así como la dignidad no se pierden nunca. El glamour, como yo lo entiendo, es ser auténtica, una misma. Si te sacas la cresta trotando que sea glamorosamente, con tu estilo. Eso de intentar imitar se ve falso, ordinario… chino*. Andar por la vida glamorosamente te hace verte y sentirte más liviano”. *(Espero no se lo tomen a mal mis amigos asiáticos :-D)
¡Me encanta tu definición de glamour! Le dije. Y desde ahora la haré mía, andaré por la vida caminando, con la frente en alto y glamorosamente. (Mientras le decía eso, me daba cuenta de que desde hace un tiempo yo ya venía aplicando la misma idea pero bajo otro concepto. En El lado humano de la dirección de proyectos y Nuestra pasión es nuestra Fortaleza había escrito acerca de la importancia para los directores de proyectos, y todos aquellos que ocupan una posición de líderes, el atreverse a cambiar de paradigma y mostrar sus miedos e inseguridades a sus equipos de trabajo.
Creo que se pueden imaginar que los que trotaban al lado mío debieron haber pensado que estaba loco. Yo miraba el celular y me reía a carcajadas. Pero, después de todo, ¿Qué importancia tiene lo que unos desconocidos puedan pensar de uno? Bajo mi nueva definición de glamour… ¡Ninguna!
Esa mañana en el café le conté a mí otra amiga, la de la revista, de mi nueva definición de glamour y se quedó pensándolo. Conmigo ella logra ser muy espontánea y nos reímos mucho. Se levantó de la mesa, abrió la maletera del auto y sacó unos zapatos muy lindos pero sin taco. Guardó las plataformas que estaba trayendo y dijo “creo que la nueva definición de glamour está siendo mucho más cómoda de vivir y liderar al mismo tiempo”.
En muchas ocasiones, me ha tocado participar de proyectos de TI: primero, como parte de un equipo de proyecto y luego, como gerente de proyectos o project manager. Desde junio pasado, he estado dirigiendo uno de los proyectos de software más ambiciosos de la compañía para la cual trabajo: estamos poniendo todo el conocimiento acumulado en más de treinta años de trabajo y lanzamientos de productos y servicios, a disposición de los clientes internos y externos de la organización, todo esto bajo una metodología de administración de conocimiento: KCS (Knowledge-Centered Support).

Es duro trabajar en este tipo de proyectos ya que, cuando no se cumplen los plazos o se excede el presupuesto o no se satisfacen las expectativas del cliente, por lo general, los dedos acusadores recaen sobre una sola persona: el gerente de proyectos. Se le juzga por mala administración del tiempo, falta de liderazgo, mala organización, falta de experiencia; falta de comunicación; mal negociador; falta de conocimiento técnico, etc. Éstos son algunos de los adjetivos que se le atribuyen al gerente de proyectos cuando las cosas no salen bien. Afortunadamente, para tratar de manejar la complejidad de administrar uno o más proyectos en paralelo, es que usamos metodologías o enfoques de administración de proyectos. Si bien la mayoría de los proyectos tienen un ciclo de vida parecido (inicio, planeamiento, ejecución, monitoreo y cierre), resulta inevitable que, en base a la experiencia o estructuras mentales, se formen adeptos que promuevan ciertas metodologías por sobre otras. Este post no se trata de demostrar cuál es mejor, pues, desde mi punto de vista, las metodologías debiesen ser escogidas en base a criterios como: el cliente o patrocinador del proyecto, industria o rubro del cliente, expectativas; características de la organización; necesidades que viene a cubrir el proyecto; complejidad del proyecto; presupuesto; tiempo; entregables finales; experiencia de los miembros del equipo de proyecto, etc.

Otro punto interesante es que cada vez cobra más importancia a la hora de elegir un gerente de proyectos, contar con liderazgo, creatividad, credibilidad, flexibilidad, etc. En un post que escribí hace unas semanas atrás, Nuestra pasión es nuestra Fortaleza, hoy es más importante que nunca que los líderes nos bajemos del pedestal en el cual erróneamente nos colocaron, o nos colocamos nosotros mismos, y demostremos ante nuestros equipos nuestras debilidades, inseguridades y miedos para lograr identificación y lealtad. No quiero que se mal entienda que a través de esto podemos manipular a los demás y, con ello, obtener una ventaja indebida. Todo lo contrario, lo que trato de exponer es la importancia de ser transparentes y mostrarnos completos ante los demás, no sólo nuestro lado exitoso, y de hacernos cargo de las cosas que están en nuestro poder para mejorar o cambiar. Estoy seguro que esto facilitaría de sobremanera las relaciones con nuestros colegas, familia y amigos, entre otros.
Aparte de eso, esta experiencia me ha dejado una enseñanza de vida fundamental: el
aprender a conectar con los otros a través de las necesidades. Cuando soy capaz de reconocer que en mí existen carencias y necesidades no satisfechas, al mismo tiempo, me permito mirar a mi colega/amigo/vecino/pareja/familiar y ver en él/ella necesidades que también necesita satisfacer y que, posiblemente, ni siquiera han sido identificadas/reconocidas aún y, trasladando esto a la administración de proyectos, evalúo si cuento con los medios y, si no los tengo, puedo hacer un esfuerzo para conseguirlos, con el fin de ayudar a satisfacer las necesidades de mis cercanos a través del proyecto que ellos mismos me están ayudando a completar (he tratado de ser lo más claro al exponer esta idea...¡Redacté este párrafo unas cincuenta veces como mínimo! :-D).
Obviamente que, cuando el otro reconoce que existe un interés sincero de mi parte para ayudarlo a que se autorrealice como persona y como profesional, el resultado puede ser solamente único: el éxito.
“Lo que no te mata, te hace más fuerte”. He venido escuchando ese refrán desde que tengo memoria: en mi familia, mis padres y mis tíos lo ocupaban casi todo el tiempo. En el colegio, el profesor de educación física lo repetía cuando mis compañeros y yo nos negábamos a seguir haciendo ejercicio. Lo he escuchado de distintas personas y en distintos contextos pero creo que, en el fondo y desde mi perspectiva, viene a recordarnos que ante la adversidad, la mayoría de las veces, salimos fortalecidos. Mucho depende del enfoque que ocupemos para medirlo.
Confieso que, de la lista de refranes conocidos, éste es el que menos me gusta, lo siento poco amigable y que no acoge o contiene la pena o la necesidad de una persona en un momento determinado. Sin embargo, es lo más idóneo que encuentro en este momento. ¿Cuántas veces nos hemos visto enfrentados a situaciones/desafíos personales y laborales en los que hemos tenido que recurrir a nuestras últimas reservas de energía para salir adelante? Me gusta le definición de energía ocupada en física: “capacidad de generar movimiento o lograr la transformación de algo”.
Si miramos el año que recién terminó, estoy seguro que encontraremos, al menos, cinco ocasiones en las que sentimos que no seríamos capaces de seguir adelante... pero lo hicimos. Con mayor o menor dificultad, sorteamos un año lleno de desafíos y pudimos llegar a la noche del 31 de diciembre y celebrar con nuestros amigos, familia o solos.
Antes de caer en la vorágine del nuevo año y el ritual, para algunos, de fijar metas y objetivos aceleradamente, me gustaría que nos diésemos los permisos necesarios en lo que queda de semana para celebrar nuestros éxitos, nuestras victorias. Fuimos capaces de sortear un año lleno de cambios sociales, subidas y bajadas económicas y, para qué decir, profundos cambios personales. Quizás estos cambios no nos llevaron a transformar nada en nuestra vida, pero sí creo que nos llevaron a abrir los ojos y a mostrarnos que, quizás, no estábamos tan bien como creíamos. La relación o el trabajo en el que estábamos, después de todo, no eran tan fabuloso o no llenaban tantas necesidades como en un primer momento creímos que lo harían. Cualquiera sea el desafío al cual te viste enfrentado en el 2013, quiero pedirte que lo recuerdes en detalle: el impacto que produjo en ti, cómo te hizo sentir en un primer momento y las estrategias o planes de acción que tomaste, más o menos consciente, para salir de esa situación y cambiar tu realidad.

El tiempo y la experiencia me han demostrado que, en un mundo sin certezas, ante una realidad tan poco predecible, es importantísimo ir mirando hacia atrás de vez en cuando. Es fundamental avanzar, sí, estoy totalmente de acuerdo en ello, pero también es primordial ver el recorrido que hemos hecho, para descubrir y contabilizar nuestras fortalezas y recursos y así darles el valor y el espacio que se merecen y saber que están, existen, y que forman parte de nosotros y que podemos ocuparlos en el minuto en que se nos ocurra, y finalmente, para ver en dónde empezamos, en qué parte del camino nos encontramos y cuánto nos falta para llegar.
Acá va otro refrán que tampoco me gusta, pero que sirve para ilustrar: “El hombre inteligente aprende de sus propios errores; el sabio, aprende de los errores de los demás”. Creo que todos somos, a veces, un poco más sabios y en otras ocasiones más inteligentes…
Deseo que este sea el inicio de un maravilloso nuevo año.
¡FELIZ 2014!
Antes de comenzar con esta entrada, quiero dejar en claro que esto lo escribí años atrás. Uno de mis amigos había intentado suicidarse y, durante el proceso de sanación, todos sus amigos más cercanos fuimos invitados a un par de sesiones de terapia grupal. Junto con ello, cada uno le escribió una carta. Yo no me había olvidado del hecho, pero sí de los detalles del contenido de la carta.

Mi amigo ha sido uno de los varios “culpables” de que este blog haya visto la luz del día. Me pidió encarecidamente que publicase la carta que le escribí hace años, cuando iniciaba su proceso de recuperación…Tras bastante tiempo de terapia y mucho crecimiento personal, hoy sé que él ha ido cerrando sus heridas y cada día que pasa, en palabras de él, se siente “más capaz de estar y pararse en el mundo”. Siguió su pasión, el arte, estudió mucho y salió a especializarse al exterior. Hoy vive en New York, y ha ido obteniendo el reconocimiento que se merece. Me siento completamente feliz por él. La semana pasada estuvo en Chile, vino como artista invitado a la inauguración de una galería en Santiago. Nos juntamos y recordamos viejos tiempos. Él me insiste en que me vaya a vivir a USA. Quizás, algún día, lo haga; por ahora, sólo sé que me quedan un par de tareas que terminar por acá.
A continuación, les dejo la carta mencionada:
“De un sobreviviente a otro sobreviviente…
¿Cómo puedo hacer que entiendas a través de mi torpe y, a veces, incoherente discurso que, tal como eres, estás bien? No necesitas cambiarte. Es verdad que hay algunos ajustes pequeños que todos podemos hacer sobre nosotros mismos. Sin embargo, tú como ser humano, en esencia, estás bien tal como eres.
Quizás es muy difícil pedirte que olvides a todos aquellos que alguna vez te hirieron, por lo tanto, no caeré en ello. Sólo te pido que mires hacia atrás y veas todo lo que has logrado y te reconozcas como el gran hombre en el que te estás convirtiendo. Te lo he dicho antes, no es necesario que te sientes a comparar/medir lo que tú eres y tienes con tu vecino para, a partir de ahí, establecer tu valor. Ése es un ejercicio estúpido y sin sentido. Absurdo por completo, ya que ni tú ni él son las mismas personas, no tuvieron los mismos padres y mucho menos han vivido las mismas experiencias. Eso que haces es tan ridículo como intentar establecer la valía entre un gato y un delfín por su capacidad de volar…
El tiempo y las experiencias me han enseñado que si un día te encuentras en una relación, cualquier tipo de relación, en la que para ser aceptado/reconocido/querido/valorado/respetado tienes que dejar de ser quien tú eres o cambiar tu forma de sentir o pensar, simplemente para encajar en un molde/patrón, entonces, ése es un motivo completamente claro para salir arrancando de ahí lo más pronto posible. O, al menos, cortar los vínculos con esas personas, por un tiempo, hasta que ellos cambien, o hasta que tú seas lo suficientemente maduro/completo para poder relacionarte, desde otra perspectiva, sin que ello te afecte.
Las personas critican/juzgan/rechazan por ignorancia y miedo. El miedo a lo desconocido, a lo que no entienden. Aquello que puede resultar amenazante en alguna dimensión y que, por alguna razón que ni siquiera ellos mismos entienden pero que les dijeron que era “mala”, deciden rechazar. Y así, repiten un discurso tomado de otros, pero que quizás ni siquiera encaja con sus propias creencias, y que deciden hacerlo propio y lo justifican y defienden a muerte. Emitiendo juicios infundados, que tiene tintes de religiones y valores morales pero que, en el fondo, se trata de las maneras más limitantes que podemos escoger para truncar nuestro crecimiento y desarrollo.
Si fuésemos capaces de brillar con nuestra propia luz y bailar a nuestro propio ritmo, sin interferir ni ”corregir” sobre el desarrollo/crecimiento de los demás, sin ponernos etiquetas o juzgando desde la montaña, con la falsa ilusión de saber quién está bien y quién está mal, me pregunto cuántas muertes se podrían haber evitado. No hablo sólo de guerras y asesinatos (matanzas) basados en un falso sentido de superioridad, también pienso en los miles de adolescentes y adultos que se han suicidado ante la insoportable presión de no poder cumplir ante las expectativas de sus padres y familias. Por amar y sentir diferente, por optar por una profesión distinta o, simplemente, por rechazar las comodidades a las que, supuestamente, uno debiese aspirar en la vida… Ejemplos hay por montón, es cosa de salir de nuestra zona de confort (burbuja) y abrir los ojos para comenzar a darnos cuenta.
Hoy, no tengo más que ofrecerte que mis palabras, que espero te ayuden a calmar en algo la angustia que te consume por dentro. Quiero que sepas que eres una persona tremendamente importante para mí y para todos lo que te conocemos. Tu vida no nos es indiferente. Has estado tanto tiempo sumido en el dolor y la desesperanza, que has olvidado volver a disfrutar y reencantarte de los placeres sencillos que un día cualquiera puede traerte. Pero, para que eso sea posible, creo que es importante asumir lo que nos cuesta, lo que nos es difícil manejar y, a partir de ahí, pedir ayuda y comenzar a hacerse cargo.
Cuando te preguntes ¿Qué valor tiene para mí el reconocer que algo me cuesta o que necesito ayuda? La respuesta es simple pero profunda. Desde el minuto en que reconocemos que hay áreas de nuestra vida que no son tan brillantes o exitosas y con las que nos cuesta lidiar, es cuando podemos comenzar el recorrido que nos ayudará a sanar, ya que nos hacemos cargo de esas áreas, pedimos ayuda/auxilio a quien sea necesario y empezamos a trabajar para mejorar nuestra vida.
El mundo está lleno de personas maravillosas, dispuestas a ayudar, sólo tienes que dejarlas entrar..."
Un abrazo,
Vicente.
Esa fue la lección más valiosa que le enseñó Shirley Cothran, ex Miss USA 1975, a Abbey Curran, quien fue coronada en 2008 como Miss Iowa y compitió por el título de Miss USA, el mismo año. Sin embargo, este logro va mucho más allá de competir en un concurso de belleza.
Abbey Curran, además de ser una mujer hermosa, también ha sido la primera mujer con impedimentos físicos en competir y ganar un concurso de belleza en USA. Su historia no termina ahí, también es la fundadora de la ONG sin fines de lucro, Miss You Can Do It , que cada año realiza concursos de belleza para niñas y mujeres de hasta 25 años con algún tipo de discapacidad física. El concurso va mucho más allá de evaluar si las personas que participan responden bien una pregunta o quién se ve mejor en vestido de gala o es más bonita. Está enfocado en encontrar y realzar la belleza interior que cada una de las niñas que participan poseen y mostrársela al mundo, y que no está determinada por una capacidad intelectual o física específica.
El fin de semana que dura el concurso, las niñas son vestidas y arregladas por maquilladores y estilistas profesionales y tienen la oportunidad de compartir con la Cenicienta y Blanca Nieves. Al final de la noche, mágicamente, todas resultan ganadoras. Nadie se va a casa con las manos vacías, todas se van con algo. Todas reciben un premio. Los padres tiene la oportunidad de conocer a otros padres en la misma situación que ellos, compartir sus experiencias y crear redes de contacto poderosas, a través de las cuales logran sentirse acompañados.
El canal HBO realizó un documental del mismo nombre que la ONG, y ya está siendo transmitido en Chile. Lo único que lamento es que solamente las personas que tienen la posibilidad de pagar por un servicio de televisión por cable o satelital, puedan acceder a este contenido. Desde mi punto de vista, debiese ser algo que se transmitiese por la televisión pública, la mayor cantidad de veces posibles al año con la finalidad de inspirar a las personas y sensibilizarlas no sólo con iniciativas como éstas, sino también a que abracen y acepten a todos aquellos que somos diferentes y nos salimos del molde de lo que la sociedad define como “normal”. La parte más emocionante del documental es cuando una de las niñas lee un ensayo que escribió, en el que explica que lo que más le molesta en la vida es que las personas que la rodean la traten como un ser “especial”: “el significado de discapacitado es el de no tener ningún poder sobre nada. Sin embargo, yo sé que tengo el poder de hacer lo que sea que esté dispuesta a intentar hacer y eso ya me hace capaz…”
Desde hace años que en mi mente ha estado girando la idea de crear algo, en el que todas las personas que han sido discriminadas puedan sentirse incluidas/aceptadas/respetadas, simplemente, por ser quienes son.
Es un proyecto en el que para "ser" no hay que cumplir las expectativas ajenas, ni ajustarse a los estándares del mercado. Confieso que he estado trabajando en ello pero no con la dedicación con la que me gustaría.
Es duro estar en la vida y sentir que hay algo dentro de ti que no está bien, que necesita ser cambiado/arreglado/reemplazado para poder ser querido por los demás. Cuando sientes que el afecto, en cualquier tipo de relación, está condicionado a algo con lo que tienes que cumplir/lograr/tener para poder recibirlo, es muy triste.
Afortunadamente, me llena de alegría saber que allá afuera hay personas buenas dispuestas a aceptarnos tal como somos. Personas honestas, que no se aprovechan o abusan de uno cuando podrían haberlo hecho. Héroes anónimos, como dicen en CNN en español :-D. Se trata de una experiencia que no me la contaron, me sucedió a mí y que ha sido como una terapia de shock en estos días. Les contaré de ella más adelante.
Años atrás, cuando trabajaba para otra compañía de TI, me tocó hacer un viaje de negocios para reunirme con unos potenciales clientes y conocer a unos consultores que trabajarían en la migración de unas plataformas. Dentro del grupo de profesionales del equipo, había consultores con distinto background, desde aquellos con dos a tres años de experiencia hasta seniors con más de 15 años. Curiosamente, aquel más reconocido por todos sus pares en el ámbito laboral era, al mismo tiempo, el más joven de todos. Hacía cuatro años que había terminado sus estudios y, desde entonces, había tomado cuanta oferta o desafío profesional se le pusiese por delante, lo cual le había ayudado a adquirir y desarrollar valiosas habilidades, que le facilitaban hacer su trabajo con excelencia, rapidez y un bajo margen de error.
El problema, es que este joven hombre de negocios no creía en sí mismo. Definitivamente, era un líder natural que

rebosaba carisma. Era capaz de entrar a cualquier lugar e iluminarlo con su presencia, como si de una linterna se tratase. Aunque había estado por años, en paralelo a su trabajo, asistiendo a psicoterapia, sentía que había algo en él que no podía aceptar, que estaba mal y debía corregirse. Este hombre era homosexual y vivía con la sensación, como si de una certeza se tratase, de que su condición sexual le afectaría en su desarrollo profesional. Pensaba que no sería respetado por sus pares y que cualquier proyecto o iniciativa que él liderase no llegaría a buen término, porque su sexualidad, de algún modo, interferiría y le terminaría jugando en contra.
Antes de partir, decidí agendar una reunión con él. Esa noche, hablamos como si se fuese acabar el mundo.
Con mucho esfuerzo, logré que se soltase y bajase sus niveles de defensa, a tal punto que fue capaz de contarme de cómo se veía él y cómo creía que los demás lo percibían. Me contó de sus logros, miedos y fracasos. Hablamos de sus inseguridades, de las mías y de las jornadas maratónicas de trabajo a las que, muchas veces, nosotros mismos nos sometíamos, sobre todo al inicio y término de los proyectos, para que todo estuviese en “perfecto” orden. Mi vuelo partía a las 08:30 AM y debimos haber estado hablando hasta cerca de las cinco de la mañana. Antes de despedirme, le pedí que tratase de ser más cordial consigo mismo, de darse más permisos, más oportunidades. Que intentara, poco a poco, confiar en las personas, que no todos eran malos y que, por último, se hiciese un chequeo interno para buscar y encontrar cuáles eran las cosas positivas que él encontraba de si mismo y de su condición sexual y las traspasase a sus relaciones con los demás, en la vida personal y profesional.

Tres años después, nos volvimos a encontrar y quedé completamente sorprendido al verlo. Era otra persona. Lucía más relajado; proyectaba una tranquilidad y una seguridad interior que hacían absolutamente irresistible no querer pasar un rato con él. Me contó que lo habían nombrado el nuevo gerente de productos. Su jefe había dejado la empresa y había hablado con el director del área para que él ocupase su cargo. Me dijo que, luego de esa noche que nos reunimos a conversar, se había gatillado algo dentro suyo que le había ayudado a empezar a ver la vida, y a si mismo, desde otra perspectiva. Los meses siguientes, junto a su terapeuta, había hecho un análisis profundo de si mismo y había logrado identificar todas aquellas razones/ventajas por las cuales él se sentía a gusto siendo homosexual. Con ello, elaboró un plan de acción para llevar esas ventajas/fortalezas a sus relaciones y al trabajo y eso fue lo que, me dijo, hizo la diferencia. Sin importar cuál fuese el proyecto que le asignasen, él se daba el gusto de elegir, uno a uno, a los integrantes de su proyect team. ¡La gente quería trabajar con él! Se sentían cómodos y confiados cuando sabían que él estaría liderando un determinado proyecto. El PMO disfrutaba viendo la planificación, distribución de las tareas y definición de roles que él hacía al interior de sus equipos. Y no está de más decir que los patrocinadores de los proyectos estaban encantados con él. Constantemente, el scope del proyecto se agrandaba, con lo que la compañía ganaba más dinero y, la mayor parte del tiempo, los clientes volvían a hacer negocios con la compañía pero pedían, como condición, que él fuese el project mananager encargado.
No fue un cuento de hadas; hubo dolor y sufrimiento para lograr lo que él hizo.
Ponerse en contacto con las zonas más vulnerables de nosotros mismos no es para nada fácil, mucho menos es mostrarle a los otros nuestras heridas y cicatrices. Sin embargo, cualquiera sea el trabajo que desarrollemos en pos de conocernos a nosotros mismos, de internar entender cómo sentimos, por qué reaccionamos de cierta manera o lo que nos asusta, nos permitirá, intrínsecamente, descubrir el potencial en nosotros, ayudarnos y ayudar a los demás.