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domingo, 15 de febrero de 2015

Competencias Personales para el Alto Desempeño

Hace poco, estaba leyendo un artículo acerca de competencias personales escrito por Ignacio Fernández, de la UAI, cuando no puede evitar hacer una pausa y recordar mis inicios en el mundo laboral. Como es natural, creo que a la mayoría nos ha pasado que, cuando estábamos ad-portas de terminar la universidad, sentíamos que estábamos listos para asumir cualquier desafío. Totalmente empoderados, dispuestos a trabajar al límite con tal de sacar una tarea adelante. El asunto se convertía casi en un tema de valía personal.
Cuando hice  mi práctica profesional, tenía la impresión que no sabía nada. Estaba haciendo tareas bastante técnicas de configuración de redes y me sentía un cero a la izquierda. No acertaba a nada, así que en un cuaderno iba anotando todos los pasos que tenía que hacer para llevar a cabo las configuraciones de dominio y la asignación de IP, entre otras cosas. Fueron seis largos meses (en los que aprendí mucho).

Antes de terminar mi práctica, postulé al puesto de analista de base de datos en una multinacional. El trabajo era entretenido y poco repetitivo. Trabajaba con clientes de todas partes y, por primera vez, me sentí cómodo en los zapatos que en ese entonces estaba usando. Duré cerca de dos años en esa asignación.
La empresa en la que en ese entonces estaba trabajando, y aún lo hago, fomentaba la rotación en distintas áreas para que uno fuese adquiriendo una visión más global del negocio, por lo que se presentó la oportunidad de cambiarme a otra línea de negocios como consultor de infraestructura. La verdad es que, hasta ese momento, sólo había trabajado con bases de datos Oracle y sistemas operativos Red Hat, por lo que asumo que el director que me entrevistó vio algo en mí que le gustó y me invitó a trabajar con él. Allí estuve 2,5 años.

Más adelante, apareció la oportunidad de empezar a trabajar en algunos proyectos de la empresa, lo cual había hecho antes pero como integrante de un equipo de proyectos, no como jefe de proyectos propiamente tal. La propuesta me pareció interesante; como siempre me han gustado los desafíos, la acepté. Desde ese entonces, ya van casi  2 años, y no puedo negar que han sido los mejores 2 años de mi vida laboral.

Las posiciones anteriores, me ayudaron a desarrollar las competencias técnicas y el carácter para trabajar directamente con clientes, en situaciones bajo extrema presión y con equipos formados por personas con diferentes capacidades, que hablan otro idioma y cuyos códigos culturales a veces me llegaron a resultar chocantes, pero que, al final, siempre me mostraron algo valioso, que yo desconocía y pude sumar a mis valores.

Pigmalión y Galatea (ver pie de página).
En los proyectos que he tenido a cargo, descubrí lo crucial que resulta desarrollar una buena planificación y regirse por ella, en vez de saltar de un objetivo a otro sin terminar nada.  También aprendí lo valioso que resulta para las personas con las que trabajo el actuar honestamente, de forma transparente y cumpliendo las promesas o compromisos que adquirí con ellos hasta el final.

Para nadie resulta un secreto que la empresa en la que trabajo obtiene billones de U$ en utilidades cada año fiscal. Sin embargo, no TODO se trata exclusivamente de dinero. Hay cosas importantes, como relacionarse dignamente con todas las personas, sin importar sus estudios, dónde viven o de qué parte son. Ser creativo, accesible, optimista y conciliador son cualidades que todos apreciamos y que hacen que nuestras jornadas, a pesar del estrés, resulten más llevaderas.
He estado en equipos donde nadie se hablaba ni al empezar el día y no me he sentido bien.  Tampoco me resultó agradable tener que estar cuidando mi espalda todo el tiempo de mis colegas, ni darme cuenta que, al admitir que no conocía un procedimiento, me harían sentir como estúpido.

Cuando veo las cosas en perspectiva, siempre llego a la misma conclusión: necesitaba aprender para que, cuando yo estuviese al mando, no cometiese los mismos errores. Es más, de un tiempo hasta ahora he adquirido la filosofía de no entrar a juzgar cuando veo en otros algo que no me gusta, sino que guardo ese recuerdo para saber cómo NO quiero llegar a ser en el futuro.

Cuando empecé en la dirección de proyectos hubo personas que me dijeron “tú no puedes mostrarte tan abierto… no te van a respetar… tienes que demostrar más autoridad… tú tienes que decir siempre la última palabra… eres demasiado ingenuo, confías demasiado en las personas… ”.

Pero en la tarde, cuando llegaba a mi departamento y reflexionaba sobre el día me decía a mí mismo  “¿Cómo no voy a confiar en mi equipo de proyectos, si es a través del esfuerzo y la entrega de ellos que los proyectos que tengo asignados están siendo ejecutados correctamente y, por lo tanto, yo estoy siendo reconocido y ganando visibilidad en la compañía? ¿Cómo un director/jefe/supervisor/líder en su sano juicio espera obtener buenos resultados si trata a las patadas a las personas con las que trabaja, no las ayuda a crecer y desarrollarse y no las reconoce públicamente, sino que las mantiene con migajas?”


*Efecto Pigmalión: en psicología y pedagogía se habla del efecto Pigmalión: el cual plantea que las personas reaccionan según cómo las tratamos y las expectativas que nosotros ponemos sobre ellas.
Si un empleado recibe la continua aceptación de su jefe, es muy posible que aquél exhiba un alto desempeño en sus funciones y por tanto su rendimiento sea más alto, a la vez que efectivo.

jueves, 12 de junio de 2014

Liderazgo de un Proyecto de Gestión del Conocimiento

Knowledge Centered Support (KCS) – PARTE I

He tenido pendiente este post por semanas, por fin encuentro la calma y mi disposición para sentarme a escribir y volcar lo que ha sido, hasta ahora, uno de los proyectos más ricos para mí en este último tiempo.
Cada vez que cerramos el año fiscal en mi empresa (31 de mayo) suceden varias cosas: por un lado todos nos sentimos aliviados del término del período pero, al mismo tiempo, tensionados ya que llega el ineludible momento de sacar cuentas y hacer análisis cuantitativos para saber si cumplimos las metas o no y  en qué fallamos, etc.

Gracias a la planificación, colaboración y esfuerzo constante de todo mi equipo de proyectos, pudimos cerrar orgullosamente el año fiscal 14. Ahora bien, yendo al grano….

Mi más reciente proyecto se basa en la administración de conocimiento (KM = Knowledge Management). Lo diseñé en junio de 2013 y me basé en el modelo planteado por el Consorcio para la  Innovación de los Servicios. El cual definió una serie de metodologías para capturar, estructurar y reutilizar   el conocimiento técnico de las organizaciones, para transformarlo en un activo clave. Junto con ello integré el concepto de mejora continua de la calidad que plantea ITIL, específicamente el ciclo de Deming.
Todo esto planeado utilizando los ciclos de vida de proyectos definidos por el PMI. Y, como si fuera poco, decidí que las habilidades blandas necesarias para el éxito del proyecto, tendrían que utilizar el enfoque del ojo mágico definido por el IPMA (del cual soy miembro) que, a mi parecer, para la dirección de proyectos, añade el componente principal del cual carece el PMI: el lado humano y las habilidades emocionales de los directores de proyectos (elementos de competencia de comportamiento).



Todo esto suena como una gran ensalada surtida difícil de digerir, pero con una visión clara (dónde estamos hoy, a dónde queremos llegar, qué tenemos que hacer para llegar hasta allá) y compartida por todos los miembros del equipo, conocimientos profesionales profundos y pasión por lo que uno hace nada es imposible.

Los grandes proyectos requieren una gran planificación – eso lo leí hace un tiempo atrás y uso ese principio como corolario cada vez que decido involucrarme en algo. Me tomó cerca de dos meses el planificar todo y, una vez que tuve una estructura clara, empecé a reclutar mi equipo de trabajo. Como siempre he tendido hacer observador, ya tenía una idea de qué personas podrías ser útiles. Sin embargo, como en todas las relaciones humanas, sabía que tendría que ofrecerles algo por lo que ellos se pudiesen interesar. Ya que íbamos a estar trabajando principalmente  con activos intangibles (conocimiento) decidí ofrecerles otro activo intangible: aprender.

Cada vez que me reunía con ellos, les presentaba las ideas generales y lo que yo creía que podían aportar y siempre les preguntaba, “¿Qué quieres aprender de todo esto? ¿Con qué te quieres quedar una vez que terminemos este proyecto?”. Y así me fui abriendo al abanico de respuestas que recibí: algunas personas me dijeron que querían desarrollarse en programación con PHP, por lo que usamos PHP en parte de los desarrollos. Otras querían aprender  modelamiento y administración de bases de datos, otras querían convertirse en expertos técnicos (para este requerimiento añadimos el rol de SME (Subject Matter Expert) con funciones diseñadas específicamente para este cargo, etc.

Finalmente mi equipo de proyectos fue de diecisiete brillantes y talentosos ingenieros, cada uno tenía intereses específicos. Me comprometí ante ellos en  que sus intereses iban a estar insertos en el proyecto. Así lo hice.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Acerca de la Teoría X y la Teoría Y

A medida que pasa el tiempo y mientras voy conociendo a más personas, me doy cuenta que hay muchas cosas para las que no estamos preparados. Podemos pasarnos la vida estudiando y ocupando cada hora en leer libros o desarrollarnos en un área de nuestro interés. Sin embargo, hay cosas que vamos a tener que ver cómo enfrentar en el minuto en que se presenten. Estoy pensando en la manera en que nos relacionamos con los demás, tanto a nivel personal como profesional.
Es cierto que nuestra infancia moldea nuestra personalidad; las personas que nos tuvieron a cargo, experiencias de vida, vínculos significativos, etc. , pero también es cierto que todos tenemos momentos o, a veces, instantes fugaces en los que somos capaces de vislumbrar cuando el camino que estamos recorriendo,  o la manera que estamos ocupando para cumplir un objetivo, no es la mejor.
En los breves siete años que llevo  trabajando profesionalmente, he podido liderar equipos de trabajo muy diversos, aunque también he puesto atención en los resultados que otros equipos, liderados por otros gerentes, han tenido.


El tema del post de hoy es acerca de dos de las teorías de dirección más conocidas en las organizaciones que, a mi parecer, están muy presentes en la actualidad: la Teoría X y la Teoría Y, ambas desarrolladas por Douglas McGregor. Dichas teorías resultan radicalmente diferentes entre sí. La Teoría X se fundamenta en el planteamiento realizado por Frederick Taylor a través de su Scientific Management. En su obra, Taylor desarrolla una “ciencia” en la que debía ejecutarse el trabajo de una manera específica para obtener el mayor rendimiento y maximización de recursos. Para el desarrollo de su propuesta, Taylor incluso se enfocó en medir los tiempos y movimientos físicos que tenían que ejecutar los trabajadores para elevar la producción y uniformar los procesos productivos. Desde ese planteamiento, nace la Teoría X.
La Teoría X identifica al trabajador como un recurso reemplazable, al cual  le atribuye características de un ser pesimista, rígido y que evade el trabajo cada vez que puede. El trabajador, en la Teoría X, es un ser sin mayores ambiciones ni metas, que busca la seguridad, que se resiste a los cambios y que necesita ser dirigido en todo momento. Un jefe típico de la Teoría X es alguien tremendamente controlador, que señala cada una de las tareas de los integrantes de su equipo de trabajo y dicta claramente cuáles son las reglas a seguir para evitar ser sancionado.

En la Teoría Y, por el contrario, se reconoce al trabajador como un sujeto con la capacidad de dirigirse a sí mismo, a partir de objetivos que le son encomendados. Este trabajador resulta ser alguien que no le teme a las responsabilidades y que busca perfeccionarse; una persona que usa recursos como la creatividad y que es capaz de aplicar innovación para cumplir con una meta. Además, no requiere de amenazas para ayudar a cumplir las metas de la organización. Un jefe, o líder que aplique el modelo a de la Teoría Y, tenderá a buscar consensos. Su estilo de dirección se diferenciará por ser participativo y democrático, delegará responsabilidades  y proporcionará las condiciones requeridas para que los trabajadores alcancen sus metas individuales, así como las de la compañía.

Cuando pienso en que casi todos pasamos un tercio de nuestro día en el trabajo y, en muchos casos, se nos olvida sacarnos el rol de líder, jefe o gerente y llegamos a nuestros hogares con el mismo chip, no dejo de pensar en lo difícil que debe ser para nuestra pareja, hijos, familiares o amigos, relacionarse con otra persona que funcione desde la Teoría X, es decir, alguien que crea que tiene que estar controlando, dirigiendo y midiendo constantemente el desempeño de los demás... debe resultar muy agotador. Un padre o madre que crea que tiene que estar presente todo el tiempo para que las cosas “se hagan bien”, me imagino que puede llegar a resultar asfixiante, no sólo para sus propios hijos, sino además para todos los que se relacionan con él.

Finalizo dejándoles una inquietud: ¿con cuál teoría se sienten identificados en su vida diaria?

Si les quedó gustando el tema, vean este video que habla sobre distintos estilos de liderazgo.


viernes, 9 de mayo de 2014

Confesiones de un Introvertido

Este post es la continuación del anterior, la segunda parte de La Revolución Silenciosa.

Atrás quedaron los días en que rehuía cada oportunidad de estar con otras personas. Hace años el simple hecho de ir al mall a comprar podía ser una fuerte fuente de ansiedad para mí. Verme rodeado de tantas personas, con tanto ruido y bulla proveniente de tantas partes era algo con lo que yo no podía lidiar.

Pese a ello me las arreglaba para tener una vida medianamente normal y relacionarme con los demás. Tras mucho trabajo personal y el apoyo de excelentes profesionales aprendí a estar en el mundo. A encontrarme rodeado de personas y que ello no me afectase. A expresar mis opiniones con claridad, a pararme ante un auditorio de evaluadores y defender una tesis o reunirme con mis clientes y mi equipo de trabajo para mostrarles el porqué les convenía que llevásemos acabo la iniciativa que les proponía.


Aprendí a respirar y a moverme. Adquirí herramientas y/o recursos que me hiciesen mi diario vivir más fácil. Encontré mi safe heaven, en el cual me refugio para llenarme de energía para volver a salir al mundo.

El hecho de haber vivido tantos tiempo como introvertido me ayudó a conocerme mucho y poder relacionarme con las personas de manera más profunda. A conectarme con los demás y tener un genuino interés en lo que le pasa al otro.
Hoy sé hasta dónde pedir a mi equipo de proyecto y soy mucho más tolerante y comprensivo cuando las cosas no funcionan (extrañamente, esta forma de ser no me produce problemas en el trabajo. Al contrario, en 20 días más cerraremos el año fiscal 14 y con el pecho inflado de orgullo puedo decir que, por primera vez en 3 años,  vamos a superar todos y cada uno de los indicadores claves del Balance Scorecard que se propuso en junio pasado. Fecha en la cual asumí el rol de Project Manager).

A pesar de que mi tendencia es a establecer relaciones 1 a 1 y no 1 a N, ya no me escondo ni padezco cuando tengo que dirigirme a un grupo de personas. Y, al día de hoy, disfruto cada momento de interacción que tengo con colegas y clientes. Al final de cuentas todos queremos ser escuchados y compartir nuestras historias y, la escucha genuina, es una capacidad que nosotros los introvertidos tenemos muy desarrollada.

Los dejo con un video que me encanta. Es una charla TED  que demuestra cómo nuestro lenguaje corporal moldea nuestra identidad.  Y cómo podemos asumir distintas poses para incrementar la autoconfianza en situaciones estresantes como las entrevistas de trabajo. ¡Ojalá les guste!


Acerca de la Revolución Silenciosa

No puedo estar menos que fascinado del mágico hallazgo que tuve hoy. De hecho fue ese mismo sentimiento de fascinación el que me hizo volcarme a escribir con el siguiente pensamiento en mi cabeza: “¡Tengo que compartirlo con mis amigos. Esto es fabuloso, mientras más personas se enteren de esto, las cosas irán mejor!”


Hoy me topé accidentalmente con una entrevista que le hicieron a Susan Cain (abogada y escritora del libro Tranquilo: El poder de los introvertidos en un mundo que no para de hablar), acerca de cómo había sido su experiencia de vida como introvertida e inserta en un ambiente lleno de abogados y juicios orales. Y la verdad es que a medida que la iba leyendo me sentía más y más identificado con cada una de sus palabras. (Al final del post compartí un video de una charla TED de la autora). 
Cada mañana me levanto a las 5:45 para entrenar en el gimnasio antes de irme a trabajar. Tengo a mi cargo un equipo de diecisiete brillantes ingenieros, mi equipo de proyecto, con los que me relaciono todos los días. Cada viernes me reúno con Gabriel  Bunster, mi coach, para conversar acerca de alguna idea que tenga en mente o para potenciar alguna área en mi vida profesional y/o personal. Los fines de semana descanso y me reúno con amigos, cuando puedo. Por lo general es una rutina que no cambia mucho. Sin embargo, este último tiempo me he forzado a ser más sociable. Acudir a eventos de Emprendimiento y Project Management para conocer más personas, hacer networking e interactuar un poco más.

Esto es algo que muchos no perciben, pero hay veces en que me siento asfixiado en reuniones sociales o en la misma oficina. Cada vez que puedo me escapo a una oficina cerrada con mi computador o me voy a caminar para poder estar solo. ¡Me encanta estar solo!

A veces busco momentos para estar conmigo mismo. De hecho, las mejores ideas y soluciones han aparecido cuando bajo las revoluciones, me aparto de los demás y me relajo. Por supuesto, después de esas ideas me reúno con mi equipo de trabajo, las discutimos, desarrollamos y por lo general llegamos a algo mucho mejor. Pero el punto de partida, al menos para mí, lo logro en compañía de mi mismo.  

Por años me sentí mal al hacer esto y me retaba constantemente por aislarme de los demás. Por preferir, en muchas ocasiones, estar conmigo mismo antes que compartir con otros. Me preguntaba cómo diablos podría pretender tener personas a cargo o convertirme en líder si no era capaz de exponer mis ideas con claridad ante un gran grupo de personas, persuadirlos, ser carismático, etc. Sin embargo, trabajando duramente e intentando conocerme, fui logrando lo que quería, pero en mi cabeza permanecía esa voz que todos tenemos y que me hacía compararme con otras personas. Creyendo que si hablase más, si me acercarse más, si fuese más activo… podría lograr más cosas en menos tiempo o irme mejor…. La trampa del ego.


En el diplomado de liderazgo aprendí algo que encontré genial, el profesor lo llamó algo así como “el refugio del líder”. Este concepto viene a ser un safe heaven o lugar en el que nos refugiamos para recargar las pilas. No necesariamente tiene que ser un lugar físico. Hay personas que encuentran su refugio escuchando su canción favorita, juntándose con sus amigos, orando, haciendo ejercicio, etc. En mi caso yo lo encuentro retrayéndome por unos minutos, en completo silencio. Silencio que a veces me cuesta encontrar en una ciudad capital, en una empresa con más de setecientas personas y en una sociedad en la que todo resulta ser urgente y para ayer. 

La introversión no es lo mismo que la timidez. La introversión es la capacidad de irse hacia adentro y abstraerse de lo que nos rodea, mientras que la timidez está más relacionada a la persona que teme al juicio social. A diferencia de los introvertidos, los extrovertidos requieren mayor estímulo externo para responder, en cambio los introvertidos pueden sentirse más vivos y conectados estando en un ambiente silencioso.  

Desde el punto de vista del liderazgo en las empresas, un jefe o líder  introvertido puede resultar mucho más beneficioso para la organización. Ya que permite que las personas que tiene a su cargo, se expresen y florezcan en su máxima expresión. Además, su naturaleza le facilita el estar abierto a nuevas ideas, lo cual abre la puerta a soluciones creativas  e innovadoras. Por el contrario, según el estudio de Francesca Gino, del Harvard Business School, los jefes extrovertidos por lo general suelen ser más dominantes, a dirigir ellos las conversaciones y a ser menos receptivos. Un jefe de estas características, a cargo de un equipo con personas proactivas, puede tener roces con alta frecuencia y terminar mermando la iniciativa de los integrantes  de su equipo.

Obviamente estas no son reglas absolutas. Habemos muchos tipos de personas introvertidas y extrovertidas. Cada una con características, fortalezas y debilidades, únicas. Tampoco se trata de minimizar el valor que las habilidades sociales tienen en el mundo, el cual, gracias a los desarrollos tecnológicos, ha perdido las fronteras que antes lo dividían. Simplemente se trata de sacarnos del dogma de creer o seguir al que más habla. No siempre el que dice más palabras es aquel que tiene las ideas más claras. 


jueves, 1 de mayo de 2014

Emprendedores: Sueños y Osadía

En el marco del día del trabajador no pude dejar de acordarme de mis amigos emprendedores, personas a las que sinceramente admiro y a las que me voy a unir en el corto plazo. El año pasado, en Chile, el presidente Piñera firmó el decreto que creó el Día Nacional del Emprendimiento, celebrado el pasado 29 de Abril.  El día anterior recibí una invitación para asistir al encuentro de emprendedores más grande en Latinoamérica: MeetLatam 2014. El cual congregó a más de 2 mil emprendedores y estudiantes, todos con un sueño en común: emprender e innovar. El evento contó con un ciclo de conferencias en las cuales expusieron referentes mundiales del ecosistema del emprendimiento, tales como:
  • Andrew McCollum, cofundador de Facebook
  • Robin Chase, fundadora de Zipcar
  • Sergio Fernádez, delegado global de emprendimiento de la Casa Blanca
  • Manuel Olivares, gerente general del banco BBVA
  • Kai Huang, cofundador de RedOctane (la empresa creadora del juego Guitar Hero)
  • Ingrid Vanderveldt, EIR en Dell y cofundadora del Billionaire Girls Club
  • Marcus Shingles, Líder del grupo de innovación de Deloitte Consultings
  • Susan Fonseca, fundadora de Singularity University y Women@TheFrontier
  • entre varios más…

La jornada fue extensa pero sin lugar a dudas me sentí feliz y profundamente agradecido de poder participar y estar en medio de todas esas persona que vibraban en su conjunto. A modo de resumen, estas son las principales ideas que quedaron en mi mente aquel día:

  1. Talón de Aquiles de Chile, infraestructura: aunque no lo crean Chile es el sexto ecosistema de alto crecimiento en innovación, a nivel mundial, que, gracias a esfuerzos hechos por los diferentes gobiernos, está posicionándose como el próximo Silicon Valley de Latinoamérica (los otros cinco ecosistemas son Silicon Valley, Londres, Berlín y Tel Aviv). Fuente: Leading Global Ecosystems Report 2013. Entre las fortalezas que destaca el estudio se encuentran una fuerte comunidad de emprendedores, el interés genuino de las autoridades públicas por crear programas de inversión y actuar como facilitadores entre los emprendedores y la industria privada y universidades interesadas en programas de I+R+i y actuar como incubadoras de negocio.
    Todos los expositores del evento concordaron en que la infraestructura, particularmente el acceso a la banda ancha por parte de toda la población es demasiado cara y muy escasa comparada a otros países. Pese a que en Latinoamérica, según un estudio entregado por Netflix en Febrero pasado, solo nos encontraríamos por debajo de Brasil. Sin embargo, el Leading Global Ecosystems Report añade como desventajas para innovar: la falta de inversionistas de capital de riesgo (venture capitals) o inversionistas ángeles, burocracia por parte del sistema bancario para financiar o invertir en proyectos “riesgosos” y falta de capital humano capacitado (acá se consideran la cantidad de profesionales con estudios de postrado, masters y PhD, gasto público destinado a la educación, cantidad de alumnos por profesor en enseñanza media y relaciones de cooperación internacional en R&D entre otros.
  2. Emprendimiento social (negocios con impacto social): los emprendimientos sociales van a ser los nuevos grandes negocios. ¿Cuál es la diferencia que estamos haciendo en nuestro paso por el mundo?
    La evolución digital está cambiando la manera en cómo hacemos las cosas, incluyendo la filantropía. Y a medida que pasan los años, la nueva fuerza laboral, Millennials o Generación Y, buscará comprometerse únicamente con aquellas iniciativas y proyectos que además de rentabilidad, también tengan un fuerte sentido de propósito. Por favor vean este video completo, les ayudará a entender desde dónde se están involucrando las nuevas generaciones con el mundo del trabajo.

  3. Cambios en el paradigma de la educación: en cinco años más la mejor educación va venir de Internet y les guste o no a mis amigos docentes, el gran visionario Isaac Asimov predijo en 1988 el impacto que Internet tendría en la educación:


    Uno de los expositores el día del evento fue Eduardo Abeliuk, fundador de classroom.tv. Revisen su emprendimiento y aprovechen de tomar algunos de los cursos gratuitos dictados por profesores de Standford, Hardvard, PUC, MIT y Yale entre otros.
  4. Hacerse cargo de la vida: este es uno de los temas que más me apasiona y me invita a crear. Creo que todos nos hemos encontrado “atrapados” en algún momento en una relación que no nos hace bien o un trabajo que no nos gusta, etc. Soy un férreo partidario que en vez de culpar a los demás, a nuestro empleador, a los políticos o al sistema en el que estamos insertos nos arremanguemos las mangas de la camisa y nos pongamos a crear y a construir la vida que realmente nos sirve. Creo en la capacidad creadora de cada uno de nosotros y si no concuerdan solo miren a su alrededor: el dispositivo por el que leen este blog en algún momento surgió de un emprendimiento, la comida que consumen, la ropa que visten, las aplicaciones o redes sociales que usan para mantenerse en contactos con sus amigos, etc. Todo tuvo un comienzo, cuyo origen pudo hacer sido una idea inspiradora, una solución para satisfacer una necesidad o el anhelo de hacer del mundo un lugar mejor.

Finalmente una lista de consejos o buenas prácticas a la hora de emprender:
  • Persiste
  • Hazte consciente de lo que verdaderamente te apasiona
  • Mantén el equilibrio entre tu lado emprendedor y tu ego (mantente humilde)
  • Conoce tu negocio
  • Conocer el lenguaje del dinero
  • Se honesto y ve lo que está funcionando y lo que no (no hagas la vista gorda a los problemas)
  • Aprende y muévete lo más rápido que puedas
  • Si deseas aumentar tu cuota de éxitos tienes que duplicar tu tasa de fracasos
  • Haz las cosas con amor (párate ante la vida con convicción)
  • Se obsesivo y llevado a tus ideas
  • Ten un fuerte sistema de apoyo alrededor tuyo
  • Reinvéntate
  • Construye el mundo en el que deseas vivir

miércoles, 19 de marzo de 2014

Acerca de la Definición de Uno Mismo

Hoy en la mañana, mientras entrenaba en el gimnasio, no pude  evitar el escuchar una conversación entre dos mujeres que se habían detenido a conversar justo en frente de la elíptica que yo estaba ocupando.
 

La verdad, fue bastante triste: una de ellas le contaba a la otra lo mal que lo estaba pasando tras descubrir la infidelidad de su pareja. Llevaban varios años casados y tenían proyectos de comprarse una casa más grande, tener hijos y hacer una vida juntos. La mujer estaba realmente destrozada, y creo que cualquiera de nosotros, estando en su lugar, también lo habría estado. Ella decía que la infidelidad en la pareja era algo en lo que simplemente ella no transaba; estaba en contra de sus principios. Aparte, después de descubrir las andanzas en la que estaba su marido, investigó un poco más y descubrió que no había sido una sola vez y con una única mujer con la que él le había sido infiel, sino con varias más y en diferentes ocasiones. Lo peor de todo es que ella se culpaba a sí misma, pensaba que se había obsesionado mucho con su trabajo, que quizás él se pudo haber sentido abandonado, etc.
 

Al final, yo terminé de hacer mis ejercicios antes que ellas terminasen su conversación, por
lo que agarré mis cosas y me fui. En el camino, recordé una oportunidad en la que acompañé a mi amigo EL ARTISTA a una sesión de terapia grupal.  Ese día, la terapeuta hablaba acerca de la importancia de darse cuenta y hacerse absolutamente consciente de cuáles eran las cosas que sentíamos que a uno lo definían como individuo. Y ponía el ejemplo de la relación de pareja, en la que uno de los miembros entrega su vida a esa relación y a su compañero y, cuando las cosas no funcionan como se esperaban, la relación termina y  esa persona, aparte de experimentar el proceso de duelo por el cual todos pasamos, siente un impacto mucho mayor en su ser. Experimenta un terremoto grado diez, ya que parte de la definición de sí misma, como persona, como ser humano integral, la había depositado en algo o alguien que no era ella y, al perder ese objeto o sujeto, caía en la incertidumbre y desesperación de no saber quién se es o qué lugar se ocupa en este mundo.
 

El tema no es fácil de explicar; no soy psicólogo y estoy lejos de serlo, pero trato de ponerlo en palabras simples.
 

Creo que es un ejercicio sano monitorearse cada cierto tiempo y preguntarse en qué cosa o persona estoy depositando la definición de mí mismo. ¿En un trabajo? ¿En una relación? ¿En los bienes que he adquirido? ¿En los lugares que he visitado? ¿Los idiomas que hablo? ¿Las certificaciones que poseo? ¿Los grados académico que, fruto de mi esfuerzo y perseverancia, he obtenido? ¿El barrio en que vivo? ¿El roce social? ¿Los amigos influyentes que tengo?
 

Claramente, para mí, la mejor apuesta es por uno mismo. En mi caso, tener la certeza (esalgo que se desarrolla y se trabaja cada día) de estar en una bonita relación, en la que siento que ambas personas crecemos y compartimos afectos y vínculos en común pero que poseemos nuestra libertad individual; de tener un trabajo que disfruto, que me desafía de muchas maneras, que me ha ayudado a crecer personal y profesionalmente y de sentir que lo que quería hacer ya lo hice y lo que he querido comprar o adquirir también lo he podido hacer.  Darme cuenta de que podría perder cualquiera de esas cosas o personas que hoy son valiosas  en mi vida y que, evidentemente, causarían un dolor y una pena en mí, ya que no me es indiferente lo que les pase, pero que yo no terminaría destruido, me ayuda a pararme ante el mundo desde otro lugar, mucho más seguro de mí mismo. Me permite sentirme completo no por lo que tengo o he logrado, sino por el simple hecho de reconocerme ante mí mismo en primer lugar y, luego, ante los demás.
Es curioso cómo de una conversación de la cual uno no es partícipe, se pueden recordar tantas cosas. Incluso, da material para escribir.

sábado, 8 de febrero de 2014

Lo que me motiva a escribir

Escribir se ha transformado en una necesidad para mí. Me ayuda a vaciar la mente y el corazón, sacar lo viejo para que entre lo nuevo. Hacerles  espacio a ideas más frescas y sentimientos honestos. Recuerdo que lo hacía cuando estaba en la escuela. Participaba en actividades de periodismo y fotografía, como si, a través de ellas, tratase de captar el mundo y mostrárselos a otros con mis propias palabras y  mirada.
Más tarde, en la adolescencia, seguí con eso por un tiempo, pero al tiempo después lo dejé. Me encontraba con más responsabilidades que sentía que requerían de mayor demanda de energía para poder concretarlas. Hasta hace unos meses atrás, en que Gabriel, mi coach, me planteó el desafío del blog. Y heme aquí un sábado por la noche, escribiendo en el computador, haciendo espacio a ideas más frescas.

Lo que encuentro injusto en la vida es que sólo unos pocas personas puedan beneficiarse de las experiencias de uno. Por lo general, uno mismo. Ya que son experiencias personales. Es por eso, y con la intención de llevarle la contra a la vida,  es que me hago el tiempo para escribir. Forma parte de mis motivaciones el intentar, o creer, que otros/as pueden verse beneficiados con lo que cuento. Mis experiencias de vida: el cómo veo, siento y percibo. También lo hago por mí mismo. Para que mañana pueda detenerme por unos momentos y ver el camino recorrido. Sacar cuentas, espero que sean alegres, y comprobar que las ganancias fueron mayores que los costos.

Hace unas semanas atrás, cuando escribí de mi amigo artista, por expreso pedido de él, recordé cuando nos conocimos. Aunque no voy a entrar en detalles, sí puedo exponer el sentimiento que nos unió  y el cual no había sido tan patente para mí como  hasta ahora.  El sentirse incapaz de estar en el mundo, tan poco anclado, tan poco sujeto a algo/alguien, casi sin raíces o compromisos era algo que  yo ya venía sintiendo  en ese entonces. No podría haber hecho lo que él hizo, no lo juzgo, porque, en mi caso, me aferré a la creencia que, eventualmente, las personas o los compromisos que me hiciesen estar/sentir más anclado al mundo aparecerían. En cierta manera así fue, aparecieron. Pero su partida, o pérdida, fue tan o más dolorosa que me dejaron con la sensación de un gran vacío.  Pero  también aparecieron las personas y trabajos correctos, en el momento correcto, que me permitieron atravesar por ese duro momento y re-conocerme en el intertanto. Permitiendo darme cuenta que no estaba fuera de mi lo que necesitaba para estar conectado, sino adentro. El desafío era claro: si me atrevía a mirarme y re-conocerme  identificando, aceptando y potenciando, dentro de lo posible, mis virtudes y defectos, o en términos de planificación estratégica según Porter, mis fortalezas y debilidades, entonces sería capaz de volver a salir y pararme ante el mundo, pero esta vez con otras bases (raíces): las mías. Con mis condiciones y bajo mi mirada.

Se necesitan bolas grandes para escribir como lo haces en tu blog – fue lo que me dijo un colega el otro día en la oficina.
Lo sé, le dije. Pero siento que tengo tan poco que perder, en comparación con lo mucho que puedo ganar, que estoy dispuesto a asumir los riesgos. Ya hice todo lo que quería hacer, viajé a los lugares que quise y en el momento en que pude. Me compré y comí lo que necesitaba, pagué las cuentas. Hoy solo me ocupo de ser feliz. De llegar por la noche a mí casa, cerrar los ojos y sentir que no tengo deudas conmigo mismo.

Wow – fue lo que respondió.

jueves, 6 de febrero de 2014

Acerca de la Dirección de Proyectos, Planes de Comunicación y Lealtades entre Equipos

En los cinco años que llevo trabajando para esta compañía de TI he tenido el privilegio de participar en proyectos de diferente alcance, para diferentes clientes y con distintos equipos de trabajo. En un principio, y como a muchos les habrá  ocurrido, empecé como un integrante más del equipo de proyecto. Tuve la suerte y reconozco, la humildad de pedir ayuda cuando lo necesité, de aprender de los mejores en la industria de TI local.

En las distintas líneas de negocio y equipos con los que trabajé pude conocer excelentes profesionales y personas. Con varios de ellos mantengo el contacto hasta el día de hoy y, aunque no hablamos con la frecuencia de antes, me siento orgulloso de decir que fuimos capaces de construir y desarrollar una relación que ha logrado sostenerse/resistir el tiempo y la presión del trabajo diario.  Esa fue una de las cosas que aprendí en mis dos primeros años: pedir ayuda, devolverla y mantenerse en contacto.
Enfocado en mis tareas, no advertí que el escenario a mi alrededor había cambiado.  De pronto me di cuenta que a las personas les gustaba trabajar conmigo y varios gerentes, de fuera de Chile, me pedían para participar en varios de sus proyectos.
Tras la adquisición de una empresa que desarrolló servidores  de alto rendimiento, sistemas operativos y tecnología usada en prácticamente todos los artefactos eléctricos y mecánicos al día de hoy, es que vino una nueva oportunidad. Me había enterado de que se formaría un equipo de ochenta personas y cinco gerentes en Chile y buscaban a alguien con experiencia que pudiese ayudar en la implementación de ese proyecto. Fue así, como solicité una reunión con uno de los  directores globales y comenzamos a hablar al respecto. Ahí fue cuando aprendí a negociar: ellos necesitaban algo que yo poseía y yo me presenté como la solución a sus necesidades.


Tres años después, y ya con las operaciones del negocio funcionando a toda marcha, estaba a cargo de un equipo de diecisiete personas y dirigiendo uno de los proyectos más entretenidos hasta ahora.
La narración de la historia suena simple, pero no han sido pocos los obstáculos que mi equipo y yo hemos tenido que sortear para llegar hasta donde estamos. Aprendí de política, de influencias y de humanidad. Me la he jugado, y lo sigo haciendo, por todos los miembros de mi equipo. Aunque a veces
esto no resulta tan evidente para algunos, y no tiene por qué serlo tampoco.
Hubo veces en las que me encerré a discutir acaloradamente con mis jefes cuando algo no me parecía correcto. Y hoy, mirando hacia atrás, veo que fue lo mejor que pude haber hecho.  Defender un punto de vista, con argumentos sólidos, mirada estratégica y perspectiva fue lo que ayudó a cimentar las bases de confianza y lealtad en mi equipo. Dejé de evadir los problemas y comencé a ser más espontáneo y honesto, conmigo mismo y con los demás.

Las ganancias superaron con creces la inversión (ROI) - para la organización y para mi - no solo económica, sino también en tiempo y costo personal que implica dirigir un proyecto, que impacta a más de ciento cincuenta y seis empleados de una organización  y cientos de clientes que pagan miles de dólares por productos y servicios de primera calidad.