Ingeniero Civil Informático, miembro de la Corporación Chilena de Proyectos y diplomado en Liderazgo y Habilidades Directivas de la escuela de negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez. Apasionado por la administración de proyectos, Internet y tecnología. Escribo porque me gusta y para vaciar mi mente de todas las ideas que allí habitan (y en caso de que alguna vez me golpee la cabeza y pierda todos mis recuerdos). Este blog será testigo de lo que alguna vez hice...
Atrás quedaron los días en que rehuía cada oportunidad de estar con otras personas. Hace años el simple hecho de ir al mall a comprar podía ser una fuerte fuente de ansiedad para mí. Verme rodeado de tantas personas, con tanto ruido y bulla proveniente de tantas partes era algo con lo que yo no podía lidiar.
Pese a ello me las arreglaba para tener una vida medianamente normal y relacionarme con los demás. Tras mucho trabajo personal y el apoyo de excelentes profesionales aprendí a estar en el mundo. A encontrarme rodeado de personas y que ello no me afectase. A expresar mis opiniones con claridad, a pararme ante un auditorio de evaluadores y defender una tesis o reunirme con mis clientes y mi equipo de trabajo para mostrarles el porqué les convenía que llevásemos acabo la iniciativa que les proponía.
Aprendí a respirar y a moverme. Adquirí herramientas y/o recursos que me hiciesen mi diario vivir más fácil. Encontré mi safe heaven, en el cual me refugio para llenarme de energía para volver a salir al mundo.
El hecho de haber vivido tantos tiempo como introvertido me ayudó a conocerme mucho y poder relacionarme con las personas de manera más profunda. A conectarme con los demás y tener un genuino interés en lo que le pasa al otro.
Hoy sé hasta dónde pedir a mi equipo de proyecto y soy mucho más tolerante y comprensivo cuando las cosas no funcionan (extrañamente, esta forma de ser no me produce problemas en el trabajo. Al contrario, en 20 días más cerraremos el año fiscal 14 y con el pecho inflado de orgullo puedo decir que, por primera vez en 3 años, vamos a superar todos y cada uno de los indicadores claves del Balance Scorecard que se propuso en junio pasado. Fecha en la cual asumí el rol de Project Manager).
A pesar de que mi tendencia es a establecer relaciones 1 a 1 y no 1 a N, ya no me escondo ni padezco cuando tengo que dirigirme a un grupo de personas. Y, al día de hoy, disfruto cada momento de interacción que tengo con colegas y clientes. Al final de cuentas todos queremos ser escuchados y compartir nuestras historias y, la escucha genuina, es una capacidad que nosotros los introvertidos tenemos muy desarrollada.
Los dejo con un video que me encanta. Es una charla TED que demuestra cómo nuestro lenguaje corporal moldea nuestra identidad. Y cómo podemos asumir distintas poses para incrementar la autoconfianza en situaciones estresantes como las entrevistas de trabajo. ¡Ojalá les guste!
No puedo estar menos que fascinado del mágico hallazgo que tuve hoy. De hecho fue ese mismo sentimiento de fascinación el que me hizo volcarme a escribir con el siguiente pensamiento en mi cabeza: “¡Tengo que compartirlo con mis amigos. Esto es fabuloso, mientras más personas se enteren de esto, las cosas irán mejor!”
Hoy me topé accidentalmente con una entrevista que le hicieron a Susan Cain (abogada y escritora del libro Tranquilo: El poder de los introvertidos en un mundo que no para de hablar), acerca de cómo había sido su experiencia de vida como introvertida e inserta en un ambiente lleno de abogados y juicios orales. Y la verdad es que a medida que la iba leyendo me sentía más y más identificado con cada una de sus palabras. (Al final del post compartí un video de una charla TED de la autora).
Cada mañana me levanto a las 5:45 para entrenar en el gimnasio antes de irme a trabajar. Tengo a mi cargo un equipo de diecisiete brillantes ingenieros, mi equipo de proyecto, con los que me relaciono todos los días. Cada viernes me reúno con Gabriel Bunster, mi coach, para conversar acerca de alguna idea que tenga en mente o para potenciar alguna área en mi vida profesional y/o personal. Los fines de semana descanso y me reúno con amigos, cuando puedo. Por lo general es una rutina que no cambia mucho. Sin embargo, este último tiempo me he forzado a ser más sociable. Acudir a eventos de Emprendimiento y Project Management para conocer más personas, hacer networking e interactuar un poco más.
Esto es algo que muchos no perciben, pero hay veces en que me siento asfixiado en reuniones sociales o en la misma oficina. Cada vez que puedo me escapo a una oficina cerrada con mi computador o me voy a caminar para poder estar solo. ¡Me encanta estar solo!
A veces busco momentos para estar conmigo mismo. De hecho, las mejores ideas y soluciones han aparecido cuando bajo las revoluciones, me aparto de los demás y me relajo. Por supuesto, después de esas ideas me reúno con mi equipo de trabajo, las discutimos, desarrollamos y por lo general llegamos a algo mucho mejor. Pero el punto de partida, al menos para mí, lo logro en compañía de mi mismo.
Por años me sentí mal al hacer esto y me retaba constantemente por aislarme de los demás. Por preferir, en muchas ocasiones, estar conmigo mismo antes que compartir con otros. Me preguntaba cómo diablos podría pretender tener personas a cargo o convertirme en líder si no era capaz de exponer mis ideas con claridad ante un gran grupo de personas, persuadirlos, ser carismático, etc. Sin embargo, trabajando duramente e intentando conocerme, fui logrando lo que quería, pero en mi cabeza permanecía esa voz que todos tenemos y que me hacía compararme con otras personas. Creyendo que si hablase más, si me acercarse más, si fuese más activo… podría lograr más cosas en menos tiempo o irme mejor…. La trampa del ego.
En el diplomado de liderazgo aprendí algo que encontré genial, el profesor lo llamó algo así como “el refugio del líder”. Este concepto viene a ser un safe heaven o lugar en el que nos refugiamos para recargar las pilas. No necesariamente tiene que ser un lugar físico. Hay personas que encuentran su refugio escuchando su canción favorita, juntándose con sus amigos, orando, haciendo ejercicio, etc. En mi caso yo lo encuentro retrayéndome por unos minutos, en completo silencio. Silencio que a veces me cuesta encontrar en una ciudad capital, en una empresa con más de setecientas personas y en una sociedad en la que todo resulta ser urgente y para ayer.
La introversión no es lo mismo que la timidez. La introversión es la capacidad de irse hacia adentro y abstraerse de lo que nos rodea, mientras que la timidez está más relacionada a la persona que teme al juicio social. A diferencia de los introvertidos, los extrovertidos requieren mayor estímulo externo para responder, en cambio los introvertidos pueden sentirse más vivos y conectados estando en un ambiente silencioso.
Desde el punto de vista del liderazgo en las empresas, un jefe o líder introvertido puede resultar mucho más beneficioso para la organización. Ya que permite que las personas que tiene a su cargo, se expresen y florezcan en su máxima expresión. Además, su naturaleza le facilita el estar abierto a nuevas ideas, lo cual abre la puerta a soluciones creativas e innovadoras. Por el contrario, según el estudio de Francesca Gino, del Harvard Business School, los jefes extrovertidos por lo general suelen ser más dominantes, a dirigir ellos las conversaciones y a ser menos receptivos. Un jefe de estas características, a cargo de un equipo con personas proactivas, puede tener roces con alta frecuencia y terminar mermando la iniciativa de los integrantes de su equipo.
Obviamente estas no son reglas absolutas. Habemos muchos tipos de personas introvertidas y extrovertidas. Cada una con características, fortalezas y debilidades, únicas. Tampoco se trata de minimizar el valor que las habilidades sociales tienen en el mundo, el cual, gracias a los desarrollos tecnológicos, ha perdido las fronteras que antes lo dividían. Simplemente se trata de sacarnos del dogma de creer o seguir al que más habla. No siempre el que dice más palabras es aquel que tiene las ideas más claras.
Hoy
en la mañana, mientras entrenaba en el gimnasio, no pude evitar el
escuchar una conversación entre dos mujeres que se habían detenido a
conversar justo en frente de la elíptica que yo estaba ocupando.
La
verdad, fue bastante triste: una de ellas le contaba a la otra lo mal
que lo estaba pasando tras descubrir la infidelidad de su pareja.
Llevaban varios años casados y tenían proyectos de comprarse una casa
más grande, tener hijos y hacer una vida juntos. La mujer estaba
realmente destrozada, y creo que cualquiera de nosotros, estando en su
lugar, también lo habría estado. Ella decía que la infidelidad en la
pareja era algo en lo que simplemente ella no transaba; estaba en contra
de sus principios. Aparte, después de descubrir las andanzas en la que
estaba su marido, investigó un poco más y descubrió que no había sido
una sola vez y con una única mujer con la que él le había sido infiel,
sino con varias más y en diferentes ocasiones. Lo peor de todo es que
ella se culpaba a sí misma, pensaba que se había obsesionado mucho con
su trabajo, que quizás él se pudo haber sentido abandonado, etc.
Al final, yo terminé de hacer mis ejercicios antes que ellas terminasen su conversación, por
lo que agarré mis cosas y me fui. En el camino, recordé una oportunidad en la que acompañé a mi amigo EL ARTISTA
a una sesión de terapia grupal. Ese día, la terapeuta hablaba acerca
de la importancia de darse cuenta y hacerse absolutamente consciente de
cuáles eran las cosas que sentíamos que a uno lo definían como
individuo. Y ponía el ejemplo de la relación de pareja, en la que uno de
los miembros entrega su vida a esa relación y a su compañero y, cuando
las cosas no funcionan como se esperaban, la relación termina y esa
persona, aparte de experimentar el proceso de duelo por el cual todos
pasamos, siente un impacto mucho mayor en su ser. Experimenta un
terremoto grado diez, ya que parte de la definición de sí misma, como
persona, como ser humano integral, la había depositado en algo o alguien
que no era ella y, al perder ese objeto o sujeto, caía en la
incertidumbre y desesperación de no saber quién se es o qué lugar se
ocupa en este mundo.
El tema no es fácil de explicar; no soy psicólogo y estoy lejos de serlo, pero trato de ponerlo en palabras simples.
Creo
que es un ejercicio sano monitorearse cada cierto tiempo y preguntarse
en qué cosa o persona estoy depositando la definición de mí mismo. ¿En
un trabajo? ¿En una relación? ¿En los bienes que he adquirido? ¿En los
lugares que he visitado? ¿Los idiomas que hablo? ¿Las certificaciones
que poseo? ¿Los grados académico que, fruto de mi esfuerzo y
perseverancia, he obtenido? ¿El barrio en que vivo? ¿El roce social?
¿Los amigos influyentes que tengo?
Claramente,
para mí, la mejor apuesta es por uno mismo. En mi caso, tener la
certeza (esalgo que se desarrolla y se trabaja cada día) de estar en
una bonita relación, en la que siento que ambas personas crecemos y
compartimos afectos y vínculos en común pero que poseemos nuestra
libertad individual; de tener un trabajo que disfruto, que me desafía de
muchas maneras, que me ha ayudado a crecer personal y profesionalmente y
de sentir que lo que quería hacer ya lo hice y lo que he querido
comprar o adquirir también lo he podido hacer. Darme cuenta de que
podría perder cualquiera de esas cosas o personas que hoy son valiosas
en mi vida y que, evidentemente, causarían un dolor y una pena en mí, ya
que no me es indiferente lo que les pase, pero que yo no terminaría
destruido, me ayuda a pararme ante el mundo desde otro lugar, mucho más
seguro de mí mismo. Me permite sentirme completo no por lo que tengo o
he logrado, sino por el simple hecho de reconocerme ante mí mismo en
primer lugar y, luego, ante los demás. Es curioso cómo de una
conversación de la cual uno no es partícipe, se pueden recordar tantas
cosas. Incluso, da material para escribir.
El tiempo y la experiencia me han enseñado que una de las cosas más importantes son los buenos contactos. No sólo cuando se busca cumplir con la cuota de venta para el mes o cuando se desea cambiar/encontrar trabajo, los contactos en el medio resultan valiosísimos, sino también cuando se busca ampliar la mirada y enriquecer la visión que tenemos del mundo o de algún asunto específico. Soy testigo de que, a medida que voy conociendo personas y logro desarrollar y mantener el vínculo, mi visión del mundo cambia. Se enriquece. Pero, en dicho proceso no sólo salgo ganando yo, sino todos los participantes de esa relación. A medida que vamos compartiendo lo aprendido, vamos creando un círculo virtuoso que va expandiéndose y generando un impacto que antes no existía.
Hoy me gustaría compartir parte de una conversación que tuve con uno de mis mentores. Prefiero guardarme los nombres y detalles personales para mayor comodidad de los involucrados. Él es un hombre definitivamente ocupado: es director ejecutivo de una compañía y, además, es profesor de cátedra de un par de escuelas de negocios acá en Santiago y casi siempre aparece en entrevistas de televisión cuando se hace algún reportaje de nuevas tecnologías y tendencias. Tratamos de reunirnos un par de veces al mes, al menos, cuando hacemos coincidir nuestras agendas.
Yo le preguntaba acerca de cómo sentirme más conectado con el mundo…
- ¿Cómo conecto con el mundo? ¿Cómo hago para ir tomando el pulso a los acontecimientos a medida que van ocurriendo, para ver si éstos tienen algún impacto en mi día a día? A veces, me siento súper desconectado de lo que está pasando. Me da vergüenza admitirlo, pero así es – dije.
- Bueno, déjame dejarte en claro que, en primer lugar, es necesario que salgas de la burbuja en la que, cotidianamente, todos solemos meternos. Yo comprendo que las exigencias de la vida diaria, los compromisos de trabajo, las largas jornadas, todo confluye para que, al final del día, terminemos metidos en nuestra propia burbuja, sumidos en nuestra ropia realidad. Muchas veces nos olvidamos que ‘allá afuera’ hay un montón de cosas que están pasando y que, aunque tú no seas partícipe directo de ellas, eso no significa que ‘esas cosas o eventos’ no vayan a tener un impacto, por mínimo que parezca, en tu vida.
- Pero, háblame más al respecto – dije. Siento que estoy a punto de entenderte. Es decir, a nivel lógico, concuerdo con tu planteamiento. Sin embargo, hay una parte de mí que se mantiene escéptica. Por ejemplo, no logro visualizar cómo el conflicto entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos pueda cambiar en algo mi vida. O de qué manera la inestabilidad política y social en Venezuela puede afectar mi desarrollo profesional (mi carrera).
- Creo entender lo que me estás diciendo. Quizás, no partí explicándome bien desde un principio. Vicente, a medida que he ido conociéndote más, he visto que tú tiendes a enfocarte mucho en tus metas. Tú, como ‘Vicente Espinoza’, muchas veces tiendes a definirte en base al rol que ocupas en una compañía, el grado de tus estudios, al proyecto que estás dirigiendo en un momento específico, etc. No es que eso esté mal, es simplemente que eso demuestra en dónde está puesto el foco de tu atención la mayor parte del tiempo. Lo que sucede es que, al vivir así por mucho tiempo, hay muchas cosas que no adviertes, que pueden estar pasándote al lado, incluso en este mismo momento, y tú, al ignorarlas por completo, por estar pensando en el grado de avance de un proyecto, los días restantes para el examen de certificación, el correo que aún no has enviado, el reporte que prometiste que enviarías a más tardar el miércoles siguiente, etc.; se limitan tus capacidades y se reduce tu campo de acción. Repito, eso nos pasa a casi todas las personas que conozco. Tenemos puesta la mayor parte de nuestra atención en asuntos pendientes, en metas u objetivos que aún no llegan, y se nos puede pasar la vida viviendo de esa forma.
- A medida que escuchaba, iba asintiendo con la cabeza. Intentaba poner la mayor cantidad de atención posible a lo que me estaba diciendo. Pero mi mente, una vez más, me sacaba del momento presente y me hacía recordar todas las veces en las que yo estaba preocupándome de mil cosas antes de que éstas, siquiera, ocurriesen.
- Ahora, te pido que no me mal entiendas – advirtió mi mentor. Eso que haces, desde otro punto de vista, es muy valioso en lo laboral. Te convierte en un excelente profesional: previsor, proactivo, capaz de anticiparse a los eventos y reaccionar eficientemente cuando éstos ocurren. Te permite ser capaz de anticiparte a las necesidades de tus clientes, de percibir y administrar el riesgo, preparar planes de contingencia exitosos y realistas. Además, en planificación estratégica, esto te permite darte cuenta a tiempo cuándo un indicador clave del negocio no está reaccionando como se espera y tomar acciones para corregirlo cuando aún hay tiempo.
Para enfocarlo más en tu área, hablemos, por ejemplo, del anuncio que Jeff Bezos, fundador de Amazon, hizo hace algunas semanas atrás, acerca de que tenía planeado que, en no más de cinco años, quería reemplazar a los despachadores de productos por drones no tripulados. ¿Sabes cuántas personas emplea Amazon en sus centros de logística y distribución? ¿Has dimensionado en cuánto aumentaría el número de cesantes si es que este plan logra implementarse con éxito en un 80%?
Hablemos de Google y un par de sus inventos: los famosos lentes ‘Google Glasses’: ¿De qué manera crees que la industria de la tecnología móvil pudiese cambiar una vez que los lentes sean lanzados al mercado? ¿Habrá más espacio para proveedores de contenido? ¿Podrá esta estrategia de diversificación de Google impactar en nuestros hábitos de consumo de productos y servicios? Abstenerse de adquirir los lentes o, simplemente, de usarlos, ¿Te sacaría automáticamente del alcance que estos lentes podrían llegar a tener?
Otro tema interesante es el ‘Proyecto Loon’. ¿Has escuchado al respecto?
- Sí, claro – respondí deprisa. Salió en todas las noticias a fines del año pasado. Es un proyecto que busca conectar áreas rurales o aisladas, en las que no es posible hacer llegar Internet a través de los medios tradicionales. Según entiendo, se armaría una red de globos que flotarían a nivel de la estratósfera para poder propagar la señal de Internet.
- Exactamente. Ahora bien, pensemos, por ejemplo, en cómo los grupos humanos que actualmente no tienen acceso a Internet, pudiesen verse beneficiados con este proyecto. ¿Cuántas personas podrían empezar a auto-aprender si tuviesen acceso a sitios como Udemy o Cloudera? ¿Cuántos nuevos programadores o hackers pudiesen salir de estos sitios aislados geográficamente? ¿En cuánto se vería aumentado el número de usuarios de redes sociales una vez cubierta esta brecha geográfica?
No pude más que demostrar mi pasión y entusiasmo por la conversación que estaba teniendo con mi mentor. Me sentía el hombre más afortunado del mundo por tener la oportunidad de intercambiar opiniones con él.
- Veo que te he dejado sin palabras – me dijo, entre riendo y bebiendo el último trago de café
- Así es – me reí. Algo difícil de conseguir
- Muchacho, creo que llegó el momento de hacerse más preguntas y entrar en contacto con el mundo. Me voy contento, porque siento que, al menos hoy, logré sacarte de tu burbuja y mundo de proyectos. Si sigues haciendo el ejercicio de abrirte y hacerte preguntas todo el tiempo, verás cómo tu entorno comienza a cambiar a favor tuyo.
Desde hace algunos días he venido pensando acerca de los cambios de paradigma. De cómo la forma de educarse, vestirse, alimentarse, trabajar, hacer familias y parejas ha cambiado rápidamente en los últimos veinte años. Un par de noches atrás re-leía el paper que escribió Eric S. Raymond, La Catedral y el Bazar, acerca de su experiencia de desarrollo de software abierto con fetchmail y cómo él mismo se sorprendió al darse cuenta que, al abrirse al mundo, al trabajar en comunidad, concertando el esfuerzo de muchas voluntades, era posible crear un producto o servicio útil, de excelente calidad, seguro, estable, robusto y tan competitivo como el de un modelo de desarrollo comercial tradicional. Para algunos este posteo puede ser percibido como un poco anárquico y me alegraré si así resulta.
Cuando nos atrevemos a desafiar las estructuras, a romper con lo establecido y preguntarnos si existe otra forma de hacer las cosas, creo que es cuando las posibilidades de éxito aumentan exponencialmente. Podemos darnos cuenta, confirmar, que con lo establecido hacemos las cosas de la mejor manera posible y no es necesario cambiar nada, o encontrar/crear una manera mucho mejor de hacerlas. Con las ventajas y beneficios que ello acarrea. El tema es atreverse a pensar distinto y a hacerse preguntas. Cuestionarse un poco no hace nada mal. Hoy estaba en una reunión de proyecto y hablé con mi equipo acerca de La Catedral y el Bazar. Les planteé que creía que había varios principios que podíamos aplicar. Si nos dejábamos de secretismos y atraíamos la mayor cantidad de ojos posibles, las posibilidades de que los problemas con los que estábamos lidiando fuesen vistos de otra manera y, por lo tanto, analizados y resueltos más rápidamente, eran mucho mayores a que si manteníamos la estructura cerrada con la que habíamos trabajado hasta ahora. Se formó un silencio magistral, vi como las miradas se cruzaron una con otras y, después de unos minutos, algunos empezaron asentir con la cabeza. Era un hecho, empezaríamos a trabajar bajo los principios de La Catedral y el Bazar. Un cambio completo de paradigma y un desafío para todos nosotros. Desafío que nos pone un poco ansiosos pero que, en lo personal, a mí me producía mucho placer: una vez más, mi equipo de proyecto me demostraba patentemente que confiaban en mi criterio. Que eran abiertos, valientes y asumían desafíos, incluso cuando eso implicase ir en contra de lo que pensaban*. Yo estaba tranquilo, sabía que mientras nos mantuviésemos unidos, comunicándonos clara y honestamente, podríamos enfrentar cualquier desafío con éxito. -------- *Nota: cuando se trabaja en proyectos de desarrollo de software, algunas personas se guían por el principio de Brooks. El cual es considerado un axioma, que establece que añadir más desarrolladores o personas a un proyecto que viene retrasado, lo retrasa aún más. Fred Brooks dice que si se duplica el número de desarrolladores, entonces las complejidad de los canales de comunicación se cuadruplica. Haciendo más difícil la comunicación entre los integrantes del equipo. Si eso fuese absolutamente cierto, el desarrollo de sistemas operativos como Linux, y de otras muy importantes distribuciones, utilizadas ampliamente en los servidores de empresas, como RedHat y Ubuntu, hubiese sido imposible.
“Lo que no te mata, te hace más fuerte”. He venido escuchando ese refrán desde que tengo memoria: en mi familia, mis padres y mis tíos lo ocupaban casi todo el tiempo. En el colegio, el profesor de educación física lo repetía cuando mis compañeros y yo nos negábamos a seguir haciendo ejercicio. Lo he escuchado de distintas personas y en distintos contextos pero creo que, en el fondo y desde mi perspectiva, viene a recordarnos que ante la adversidad, la mayoría de las veces, salimos fortalecidos. Mucho depende del enfoque que ocupemos para medirlo. Confieso que, de la lista de refranes conocidos, éste es el que menos me gusta, lo siento poco amigable y que no acoge o contiene la pena o la necesidad de una persona en un momento determinado. Sin embargo, es lo más idóneo que encuentro en este momento. ¿Cuántas veces nos hemos visto enfrentados a situaciones/desafíos personales y laborales en los que hemos tenido que recurrir a nuestras últimas reservas de energía para salir adelante? Me gusta le definición de energía ocupada en física: “capacidad de generar movimiento o lograr la transformación de algo”.
Si miramos el año que recién terminó, estoy seguro que encontraremos, al menos, cinco ocasiones en las que sentimos que no seríamos capaces de seguir adelante... pero lo hicimos. Con mayor o menor dificultad, sorteamos un año lleno de desafíos y pudimos llegar a la noche del 31 de diciembre y celebrar con nuestros amigos, familia o solos. Antes de caer en la vorágine del nuevo año y el ritual, para algunos, de fijar metas y objetivos aceleradamente, me gustaría que nos diésemos los permisos necesarios en lo que queda de semana para celebrar nuestros éxitos, nuestras victorias. Fuimos capaces de sortear un año lleno de cambios sociales, subidas y bajadas económicas y, para qué decir, profundos cambios personales. Quizás estos cambios no nos llevaron a transformar nada en nuestra vida, pero sí creo que nos llevaron a abrir los ojos y a mostrarnos que, quizás, no estábamos tan bien como creíamos. La relación o el trabajo en el que estábamos, después de todo, no eran tan fabuloso o no llenaban tantas necesidades como en un primer momento creímos que lo harían. Cualquiera sea el desafío al cual te viste enfrentado en el 2013, quiero pedirte que lo recuerdes en detalle: el impacto que produjo en ti, cómo te hizo sentir en un primer momento y las estrategias o planes de acción que tomaste, más o menos consciente, para salir de esa situación y cambiar tu realidad.
El tiempo y la experiencia me han demostrado que, en un mundo sin certezas, ante una realidad tan poco predecible, es importantísimo ir mirando hacia atrás de vez en cuando. Es fundamental avanzar, sí, estoy totalmente de acuerdo en ello, pero también es primordial ver el recorrido que hemos hecho, para descubrir y contabilizar nuestras fortalezas y recursos y así darles el valor y el espacio que se merecen y saber que están, existen, y que forman parte de nosotros y que podemos ocuparlos en el minuto en que se nos ocurra, y finalmente, para ver en dónde empezamos, en qué parte del camino nos encontramos y cuánto nos falta para llegar. Acá va otro refrán que tampoco me gusta, pero que sirve para ilustrar: “El hombre inteligente aprende de sus propios errores; el sabio, aprende de los errores de los demás”. Creo que todos somos, a veces, un poco más sabios y en otras ocasiones más inteligentes… Deseo que este sea el inicio de un maravilloso nuevo año. ¡FELIZ 2014!