martes, 1 de abril de 2014

El Perfume del Líder

Hace unos días atrás, un colega con el que he trabajado por años se acercó  a mí y me dijo que quería pedirme una hora para que nos reuniésemos a conversar. Rápidamente, hice espacio en mi agenda y nos reunimos unas horas después. Él se acercaba a mí por dos motivos: el primero, era para felicitarme, pues sabía que uno de los proyectos que yo he estado dirigiendo estaba dando mucho que hablar, ya que  había logrado superar las expectativas de varios gerentes  y jefes de área, logrando impactar positivamente los indicadores claves o KPI (por sus siglas en inglés) y, junto con ello, ha ayudado enormemente a cumplir los objetivos de la organización definidos para este año fiscal. El segundo motivo era para pedirme consejo acerca de cómo liderar y motivar su equipo de trabajo.

Le agradecí por su buena onda y por el reconocimiento a mi gestión, pero le dije que nada de eso lo habría podido lograr sin mi equipo de trabajo. Tengo diecisiete ingenieros que han trabajado conmigo en este proyecto,  le dije, yo los he ayudado a definir un rumbo y coordinar algunas cosas, pero el grueso del trabajo lo han hecho ellos. Ellos me han ayudado a mí a cumplir este proyecto.

Cada uno de los integrantes de mi equipo de proyectos es tremendamente valioso e irremplazable para mí. Puedes reemplazar el cargo o la función, pero no a la persona. Me ocupo de que ellos tengan claro esto y, en cada oportunidad que tengo, resalto y demuestro sus capacidades ante otros gerentes.  Quiero que ellos se lleven el reconocimiento que se merecen.
Aparte de cumplir con toda la parte funcional que un proyecto demanda, me he preocupado de desarrollar un ambiente de trabajo sin miedo: todos tenemos inseguridades de algún tipo que no queremos mostrar, y mucho menos en el lugar de trabajo. Personalmente, me he dado cuenta que, cuando me muevo con miedo, mi capacidad se limita muchísimo; estoy tan enfocado en no equivocarme o en tomar la “decisión correcta”, que pierdo de vista el objetivo que quiero lograr.
En mi equipo de trabajo, poco a poco, he logrado desarrollar un ambiente en el que todos nos sintamos contenidos y apoyados unos con otros, en que el miedo a la jefatura desaparezca y puedan sentirse con todo el derecho a opinar y  cuestionar sobre cualquier asunto, cuando ellos crean que algo se puede hacer mejor. En liderazgo, esto se conoce  como “romper el status quo”, y es una manera de disminuir el sentimiento de miedo y dar paso a nuestro poder creativo (que, por cierto, es ilimitado).
Esto nos ha ayudado a crear y desarrollar soluciones en conjunto y a superar problemas más rápidamente y salir más fortalecidos que otros equipos en situaciones de crisis.
Cuando estás en una posición de liderazgo y las cosas salen bien, uno suele llevarse la mayor parte del reconocimiento. Lo mismo ocurre si las cosas salen mal: al primero que apuntan es al gerente de proyectos. Por suerte para mí, esto lo asimilé rápidamente en los inicios de mi carrera, y uso el poder que se me confiere en esa posición para obtener beneficios para mi equipo de proyecto y para protegerlos de otras personas cuando alguno de ellos ha cometido una equivocación que ha sido muy comentada.


Trabajo en Equipo + Motivación + Inspiración + Liderazgo + Visión + Innovación = EXITO

En general, trato de mantener buenas relaciones con todas las personas, sin importar el área o la organización para la que trabajen. Hay veces en nos enfrascamos, incluso con mi jefe, en sendas discusiones acerca de algún procedimiento que debió haber sido seguido o algo que pudo haberse hecho mejor. Ha habido veces en que el enojo nos dura más de la cuenta, pero lo importante y trascendente viene en que, al final del día, ellos saben que pueden contar conmigo y yo con ellos. No nos llevamos los problemas a la casa y, al menos en mi equipo, tengo absolutamente prohibido que se lleven trabajo a sus casas. Predico con el ejemplo y trato de que ellos hagan un uso eficiente con su tiempo en la oficina, en vez de que les quiten horas de descanso o a sus familias para terminar algo que quedó pendiente.
Por último, y no por ello menos importante, he aprendido a mostrarme tal cual soy; demostrar y hablar de mis fortalezas y debilidades, no tiene nada de malo. Reconocer cuando cometí un error, cuando hice un juicio muy apresurado o, simplemente, cuando estoy muerto de cansancio y siento que no valgo un centavo, es absolutamente normal. Me he dado cuenta que en los equipos de trabajo, mientras más cercanos o conectados nos sintamos unos con otros, el resultado no puede ser más que uno solo: el éxito.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Acerca de la Definición de Uno Mismo

Hoy en la mañana, mientras entrenaba en el gimnasio, no pude  evitar el escuchar una conversación entre dos mujeres que se habían detenido a conversar justo en frente de la elíptica que yo estaba ocupando.
 

La verdad, fue bastante triste: una de ellas le contaba a la otra lo mal que lo estaba pasando tras descubrir la infidelidad de su pareja. Llevaban varios años casados y tenían proyectos de comprarse una casa más grande, tener hijos y hacer una vida juntos. La mujer estaba realmente destrozada, y creo que cualquiera de nosotros, estando en su lugar, también lo habría estado. Ella decía que la infidelidad en la pareja era algo en lo que simplemente ella no transaba; estaba en contra de sus principios. Aparte, después de descubrir las andanzas en la que estaba su marido, investigó un poco más y descubrió que no había sido una sola vez y con una única mujer con la que él le había sido infiel, sino con varias más y en diferentes ocasiones. Lo peor de todo es que ella se culpaba a sí misma, pensaba que se había obsesionado mucho con su trabajo, que quizás él se pudo haber sentido abandonado, etc.
 

Al final, yo terminé de hacer mis ejercicios antes que ellas terminasen su conversación, por
lo que agarré mis cosas y me fui. En el camino, recordé una oportunidad en la que acompañé a mi amigo EL ARTISTA a una sesión de terapia grupal.  Ese día, la terapeuta hablaba acerca de la importancia de darse cuenta y hacerse absolutamente consciente de cuáles eran las cosas que sentíamos que a uno lo definían como individuo. Y ponía el ejemplo de la relación de pareja, en la que uno de los miembros entrega su vida a esa relación y a su compañero y, cuando las cosas no funcionan como se esperaban, la relación termina y  esa persona, aparte de experimentar el proceso de duelo por el cual todos pasamos, siente un impacto mucho mayor en su ser. Experimenta un terremoto grado diez, ya que parte de la definición de sí misma, como persona, como ser humano integral, la había depositado en algo o alguien que no era ella y, al perder ese objeto o sujeto, caía en la incertidumbre y desesperación de no saber quién se es o qué lugar se ocupa en este mundo.
 

El tema no es fácil de explicar; no soy psicólogo y estoy lejos de serlo, pero trato de ponerlo en palabras simples.
 

Creo que es un ejercicio sano monitorearse cada cierto tiempo y preguntarse en qué cosa o persona estoy depositando la definición de mí mismo. ¿En un trabajo? ¿En una relación? ¿En los bienes que he adquirido? ¿En los lugares que he visitado? ¿Los idiomas que hablo? ¿Las certificaciones que poseo? ¿Los grados académico que, fruto de mi esfuerzo y perseverancia, he obtenido? ¿El barrio en que vivo? ¿El roce social? ¿Los amigos influyentes que tengo?
 

Claramente, para mí, la mejor apuesta es por uno mismo. En mi caso, tener la certeza (esalgo que se desarrolla y se trabaja cada día) de estar en una bonita relación, en la que siento que ambas personas crecemos y compartimos afectos y vínculos en común pero que poseemos nuestra libertad individual; de tener un trabajo que disfruto, que me desafía de muchas maneras, que me ha ayudado a crecer personal y profesionalmente y de sentir que lo que quería hacer ya lo hice y lo que he querido comprar o adquirir también lo he podido hacer.  Darme cuenta de que podría perder cualquiera de esas cosas o personas que hoy son valiosas  en mi vida y que, evidentemente, causarían un dolor y una pena en mí, ya que no me es indiferente lo que les pase, pero que yo no terminaría destruido, me ayuda a pararme ante el mundo desde otro lugar, mucho más seguro de mí mismo. Me permite sentirme completo no por lo que tengo o he logrado, sino por el simple hecho de reconocerme ante mí mismo en primer lugar y, luego, ante los demás.
Es curioso cómo de una conversación de la cual uno no es partícipe, se pueden recordar tantas cosas. Incluso, da material para escribir.

Doce lecciones de La Catedral y el Bazar


La semana pasada escribí un post acerca del artículo escrito por Eric S. Raymond y su experiencia de desarrollo de software, al aplicar los principios de las comunidades de código abiertas. Y de cómo mi equipo de proyectos se había sorprendido, cuando les planteé la posibilidad de tomar algunos de esos principios y aplicarlos a uno de los proyectos que veníamos trabajando.
Fueron varios los comentarios que recibí, no sólo a través de esta plataforma, sino por e-mail, mensajes en Facebook y comentarios de colegas con los que me topé en la oficina los días posteriores.
 

Quise darle una tercera leída al artículo y acá les dejo algunas lecciones, que creo pueden ser aplicadas no sólo en proyectos de desarrollo de software, sino también en algún ámbito de la vida personal de cada uno. Como siempre, todo depende de la visión (filtro) con el que decidamos ver las cosas.
  1. Los mejores desarrollos surgen al abordar soluciones personales a los problemas cotidianos del desarrollador, y se difunden porque el problema afecta también a un amplio grupo de usuarios
  2. Los buenos programadores saben qué escribir. Los grandes saben qué reescribir (y reutilizar) 
  3. Si tienes la actitud adecuada, los problemas interesantes te encontrarán
  4. Cuando un programa o proyecto deja de interesarte, tu último deber es pasarlo a un sucesor competente
  5. Los usuarios son importantes, no sólo porque demuestran que estás satisfaciendo una necesidad, sino porque pueden llegar a convertirse en tus ayudantes. Tratar a tus usuarios como colaboradores es el camino menos complicado para mejorar con rapidez y depurar eficazmente un programa
  6. Con un número de ojos suficiente, todos los errores son irrelevantes
  7. A menudo, las soluciones más sorprendentes e innovadoras surgen al darte cuenta de que la idea que se tenía del problema estaba equivocada
  8. Cuando te topas con una pared – en proyectos de desarrollo de software o en la vida – suele ser el momento de plantearte no si tienes la respuesta adecuada, sino si estás respondiendo a la pregunta correcta
  9. La perfección no se consigue cuando no queda nada por añadir, sino más bien cuando no resta nada por eliminar
  10. Toda herramienta debe resultar útil en la forma prevista, pero una verdadera gran herramienta te lleva a usarla para realizar cosas jamás pensadas
  11. Un sistema es sólo tan seguro como su secreto. Cuidado con los falsos secretos
  12. El problema de ser listo y original a la hora de diseñar software, consiste en que se convierte en un hábito. Comienzas a hacer las cosas cada vez más brillantes y complicadas, cuando deberías tratar de mantenerlas robustas y sencillas

jueves, 13 de marzo de 2014

Cómo conectar con el mundo

El tiempo y la experiencia me han enseñado que una de las cosas más importantes son los buenos contactos. No sólo cuando se busca cumplir con la cuota de venta para el mes o cuando se desea cambiar/encontrar trabajo, los contactos en el medio resultan valiosísimos, sino también cuando se busca ampliar la mirada y enriquecer la visión que tenemos del mundo o de algún asunto específico. Soy testigo de que, a medida que voy conociendo personas y logro desarrollar y mantener el vínculo, mi visión del mundo cambia. Se enriquece. Pero, en dicho proceso no sólo salgo ganando yo, sino todos los participantes de esa relación. A medida que vamos compartiendo lo aprendido, vamos creando un círculo virtuoso que va expandiéndose y generando un impacto que antes no existía.

Hoy me gustaría compartir parte de una conversación que tuve con uno de mis mentores.
Prefiero guardarme los nombres y detalles personales para mayor comodidad de los involucrados. Él es un hombre definitivamente ocupado: es director ejecutivo de una compañía y, además, es profesor de cátedra de un par de escuelas de negocios acá en Santiago y casi siempre aparece en entrevistas de televisión cuando se hace algún reportaje de nuevas tecnologías y tendencias. Tratamos de reunirnos un par de veces al mes, al menos, cuando hacemos coincidir nuestras agendas.
 


 Yo le preguntaba acerca de cómo sentirme más conectado con el mundo…

- ¿Cómo conecto con el mundo? ¿Cómo hago para ir tomando el pulso a los acontecimientos a medida que van ocurriendo, para ver si éstos tienen algún impacto en mi día a día? A veces, me siento súper desconectado de lo que está pasando. Me da vergüenza admitirlo, pero así es – dije.

- Bueno, déjame dejarte en claro que, en primer lugar, es necesario que salgas de la burbuja en la que, cotidianamente, todos solemos meternos. Yo comprendo que las exigencias de la vida diaria, los compromisos de trabajo, las largas jornadas, todo confluye para que, al final del día, terminemos metidos en nuestra propia burbuja, sumidos en nuestra ropia realidad. Muchas veces nos olvidamos que ‘allá afuera’ hay un montón de cosas que están pasando y que, aunque tú no seas partícipe directo de ellas, eso no significa que ‘esas cosas o eventos’ no vayan a tener un impacto, por mínimo que parezca, en tu vida.

- Pero, háblame más al respecto – dije. Siento que estoy a punto de entenderte. Es decir, a nivel lógico, concuerdo con tu planteamiento. Sin embargo, hay una parte de mí que se mantiene escéptica. Por ejemplo, no logro visualizar cómo el conflicto entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos pueda cambiar en algo mi vida. O de qué manera la inestabilidad política y social en Venezuela puede afectar mi desarrollo profesional (mi carrera).

- Creo entender lo que me estás diciendo. Quizás, no partí explicándome bien desde un principio. Vicente, a medida que he ido conociéndote más, he visto que tú tiendes a enfocarte mucho en tus metas. Tú, como ‘Vicente Espinoza’, muchas veces tiendes a definirte en base al rol que ocupas en una compañía, el grado de tus estudios, al proyecto que estás dirigiendo en un momento específico, etc. No es que eso esté mal, es simplemente que eso demuestra en dónde está puesto el foco de tu atención la mayor parte del tiempo. Lo que sucede es que, al vivir así por mucho tiempo, hay muchas cosas que no adviertes, que pueden estar pasándote al lado, incluso en este mismo momento, y tú, al ignorarlas por completo, por estar pensando en el grado de avance de un proyecto, los días restantes para el examen de certificación, el correo que aún no has enviado, el reporte que prometiste que enviarías a más tardar el miércoles siguiente, etc.; se limitan tus capacidades y se reduce tu campo de acción.
Repito, eso nos pasa a casi todas las personas que conozco. Tenemos puesta la mayor parte de nuestra atención en asuntos pendientes, en metas u objetivos que aún no llegan, y se nos puede pasar la vida viviendo de esa forma.

- A medida que escuchaba, iba asintiendo con la cabeza. Intentaba poner la mayor cantidad de atención posible a lo que me estaba diciendo. Pero mi mente, una vez más, me sacaba del momento presente y me hacía recordar todas las veces en las que yo estaba preocupándome de mil cosas antes de que éstas, siquiera, ocurriesen.

- Ahora, te pido que no me mal entiendas – advirtió mi mentor. Eso que haces, desde otro punto de vista, es muy valioso en lo laboral. Te convierte en un excelente profesional: previsor, proactivo, capaz de anticiparse a los eventos y reaccionar eficientemente cuando éstos ocurren. Te permite ser capaz de anticiparte a las necesidades de tus clientes, de percibir y administrar el riesgo, preparar planes de contingencia exitosos y realistas. Además, en planificación estratégica, esto te permite darte cuenta a tiempo cuándo un indicador clave del negocio no está reaccionando como se espera y tomar acciones para corregirlo cuando aún hay tiempo.

Para enfocarlo más en tu área, hablemos, por ejemplo, del anuncio que Jeff Bezos, fundador de Amazon, hizo hace algunas semanas atrás, acerca de que tenía planeado que, en no más de cinco años, quería reemplazar a los despachadores de productos por drones no tripulados. ¿Sabes cuántas personas emplea Amazon en sus centros de logística y distribución? ¿Has dimensionado en cuánto aumentaría el número de cesantes si es que este plan logra implementarse con éxito en un 80%?

Hablemos de Google y un par de sus inventos: los famosos lentes ‘Google Glasses’: ¿De qué manera crees que la industria de la tecnología móvil pudiese cambiar una vez que los lentes sean lanzados al mercado? ¿Habrá más espacio para proveedores de contenido? ¿Podrá esta estrategia de diversificación de Google impactar en nuestros hábitos de consumo de productos y servicios? Abstenerse de adquirir los lentes o, simplemente, de usarlos, ¿Te sacaría automáticamente del alcance que estos lentes podrían llegar a tener?

Otro tema interesante es el ‘Proyecto Loon’. ¿Has escuchado al respecto?

- Sí, claro – respondí deprisa. Salió en todas las noticias a fines del año pasado. Es un proyecto que busca conectar áreas rurales o aisladas, en las que no es posible hacer llegar Internet a través de los medios tradicionales. Según entiendo, se armaría una red de globos que flotarían a nivel de la estratósfera para poder propagar la señal de Internet.

- Exactamente. Ahora bien, pensemos, por ejemplo, en cómo los grupos humanos que actualmente no tienen acceso a Internet, pudiesen verse beneficiados con este proyecto.
¿Cuántas personas podrían empezar a auto-aprender si tuviesen acceso a sitios como Udemy o Cloudera? ¿Cuántos nuevos programadores o hackers pudiesen salir de estos sitios aislados geográficamente? ¿En cuánto se vería aumentado el número de usuarios de redes sociales una vez cubierta esta brecha geográfica?

No pude más que demostrar mi pasión y entusiasmo por la conversación que estaba teniendo con mi mentor. Me sentía el hombre más afortunado del mundo por tener la oportunidad de intercambiar opiniones con él.

- Veo que te he dejado sin palabras – me dijo, entre riendo y bebiendo el último trago de café

- Así es – me reí. Algo difícil de conseguir

- Muchacho, creo que llegó el momento de hacerse más preguntas y entrar en contacto con el mundo. Me voy contento, porque siento que, al menos hoy, logré sacarte de tu burbuja y mundo de proyectos. Si sigues haciendo el ejercicio de abrirte y hacerte preguntas todo el tiempo, verás cómo tu entorno comienza a cambiar a favor tuyo.

jueves, 13 de febrero de 2014

La Catedral y el Bazar

Desde hace algunos días he venido pensando  acerca de los cambios de paradigma. De cómo la forma de educarse, vestirse, alimentarse, trabajar, hacer familias y parejas  ha cambiado rápidamente en los últimos veinte años. 

Un par de noches atrás re-leía el paper que escribió Eric S. Raymond, La Catedral y el Bazar, acerca de su experiencia de desarrollo de software abierto con fetchmail y cómo él mismo se sorprendió al darse cuenta que, al abrirse al mundo, al trabajar en comunidad,  concertando el esfuerzo de muchas voluntades, era posible crear un producto o servicio útil, de excelente calidad, seguro, estable, robusto y tan competitivo como el de un modelo de desarrollo comercial tradicional.

Para algunos este posteo puede ser percibido como un poco anárquico y me alegraré si así resulta. 

Cuando nos atrevemos a desafiar las estructuras, a romper con lo establecido y preguntarnos si existe otra forma de hacer las cosas, creo que es cuando las posibilidades de éxito aumentan exponencialmente. Podemos  darnos cuenta, confirmar, que con lo establecido hacemos las cosas de la mejor manera posible y no es necesario cambiar nada, o encontrar/crear una manera mucho mejor de hacerlas. Con las ventajas y beneficios que ello acarrea. El tema es atreverse a pensar distinto y a hacerse preguntas. Cuestionarse un poco no hace nada mal.
Hoy estaba en una reunión de proyecto y hablé con mi equipo  acerca de La Catedral y el Bazar. Les planteé que creía que había varios  principios que podíamos aplicar. Si nos dejábamos de secretismos y atraíamos la mayor cantidad de ojos posibles, las posibilidades de que los problemas con los que estábamos lidiando fuesen vistos de otra manera y, por lo tanto, analizados y resueltos más rápidamente, eran mucho mayores a que si manteníamos la estructura cerrada con la que habíamos trabajado hasta ahora. Se formó un silencio magistral, vi como las miradas se cruzaron una con otras y, después de unos minutos, algunos empezaron asentir con la cabeza.

Era un hecho, empezaríamos a trabajar bajo los principios de La Catedral y el Bazar. Un cambio completo de paradigma y un desafío para todos nosotros. Desafío que nos pone un poco ansiosos pero que, en lo personal, a mí me  producía mucho placer: una vez más, mi equipo de proyecto me demostraba patentemente que confiaban en mi criterio. Que eran abiertos, valientes y asumían desafíos, incluso cuando eso implicase ir en contra de lo que pensaban*. Yo estaba tranquilo, sabía que mientras nos mantuviésemos unidos, comunicándonos clara y honestamente,   podríamos enfrentar cualquier desafío con éxito.

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*Nota: cuando se trabaja en proyectos de desarrollo de software, algunas personas se guían por el principio de Brooks. El cual es considerado un axioma, que establece que añadir más desarrolladores o personas a un proyecto que viene retrasado, lo retrasa aún más. Fred Brooks dice que si se duplica el número de desarrolladores, entonces las complejidad de los canales de comunicación se cuadruplica. Haciendo más difícil la comunicación entre los integrantes del equipo. Si eso fuese absolutamente cierto, el desarrollo de sistemas operativos como Linux, y de otras muy importantes distribuciones, utilizadas ampliamente en los servidores de empresas, como RedHat y Ubuntu, hubiese sido imposible.

sábado, 8 de febrero de 2014

Lo que me motiva a escribir

Escribir se ha transformado en una necesidad para mí. Me ayuda a vaciar la mente y el corazón, sacar lo viejo para que entre lo nuevo. Hacerles  espacio a ideas más frescas y sentimientos honestos. Recuerdo que lo hacía cuando estaba en la escuela. Participaba en actividades de periodismo y fotografía, como si, a través de ellas, tratase de captar el mundo y mostrárselos a otros con mis propias palabras y  mirada.
Más tarde, en la adolescencia, seguí con eso por un tiempo, pero al tiempo después lo dejé. Me encontraba con más responsabilidades que sentía que requerían de mayor demanda de energía para poder concretarlas. Hasta hace unos meses atrás, en que Gabriel, mi coach, me planteó el desafío del blog. Y heme aquí un sábado por la noche, escribiendo en el computador, haciendo espacio a ideas más frescas.

Lo que encuentro injusto en la vida es que sólo unos pocas personas puedan beneficiarse de las experiencias de uno. Por lo general, uno mismo. Ya que son experiencias personales. Es por eso, y con la intención de llevarle la contra a la vida,  es que me hago el tiempo para escribir. Forma parte de mis motivaciones el intentar, o creer, que otros/as pueden verse beneficiados con lo que cuento. Mis experiencias de vida: el cómo veo, siento y percibo. También lo hago por mí mismo. Para que mañana pueda detenerme por unos momentos y ver el camino recorrido. Sacar cuentas, espero que sean alegres, y comprobar que las ganancias fueron mayores que los costos.

Hace unas semanas atrás, cuando escribí de mi amigo artista, por expreso pedido de él, recordé cuando nos conocimos. Aunque no voy a entrar en detalles, sí puedo exponer el sentimiento que nos unió  y el cual no había sido tan patente para mí como  hasta ahora.  El sentirse incapaz de estar en el mundo, tan poco anclado, tan poco sujeto a algo/alguien, casi sin raíces o compromisos era algo que  yo ya venía sintiendo  en ese entonces. No podría haber hecho lo que él hizo, no lo juzgo, porque, en mi caso, me aferré a la creencia que, eventualmente, las personas o los compromisos que me hiciesen estar/sentir más anclado al mundo aparecerían. En cierta manera así fue, aparecieron. Pero su partida, o pérdida, fue tan o más dolorosa que me dejaron con la sensación de un gran vacío.  Pero  también aparecieron las personas y trabajos correctos, en el momento correcto, que me permitieron atravesar por ese duro momento y re-conocerme en el intertanto. Permitiendo darme cuenta que no estaba fuera de mi lo que necesitaba para estar conectado, sino adentro. El desafío era claro: si me atrevía a mirarme y re-conocerme  identificando, aceptando y potenciando, dentro de lo posible, mis virtudes y defectos, o en términos de planificación estratégica según Porter, mis fortalezas y debilidades, entonces sería capaz de volver a salir y pararme ante el mundo, pero esta vez con otras bases (raíces): las mías. Con mis condiciones y bajo mi mirada.

Se necesitan bolas grandes para escribir como lo haces en tu blog – fue lo que me dijo un colega el otro día en la oficina.
Lo sé, le dije. Pero siento que tengo tan poco que perder, en comparación con lo mucho que puedo ganar, que estoy dispuesto a asumir los riesgos. Ya hice todo lo que quería hacer, viajé a los lugares que quise y en el momento en que pude. Me compré y comí lo que necesitaba, pagué las cuentas. Hoy solo me ocupo de ser feliz. De llegar por la noche a mí casa, cerrar los ojos y sentir que no tengo deudas conmigo mismo.

Wow – fue lo que respondió.

jueves, 6 de febrero de 2014

Acerca de la Dirección de Proyectos, Planes de Comunicación y Lealtades entre Equipos

En los cinco años que llevo trabajando para esta compañía de TI he tenido el privilegio de participar en proyectos de diferente alcance, para diferentes clientes y con distintos equipos de trabajo. En un principio, y como a muchos les habrá  ocurrido, empecé como un integrante más del equipo de proyecto. Tuve la suerte y reconozco, la humildad de pedir ayuda cuando lo necesité, de aprender de los mejores en la industria de TI local.

En las distintas líneas de negocio y equipos con los que trabajé pude conocer excelentes profesionales y personas. Con varios de ellos mantengo el contacto hasta el día de hoy y, aunque no hablamos con la frecuencia de antes, me siento orgulloso de decir que fuimos capaces de construir y desarrollar una relación que ha logrado sostenerse/resistir el tiempo y la presión del trabajo diario.  Esa fue una de las cosas que aprendí en mis dos primeros años: pedir ayuda, devolverla y mantenerse en contacto.
Enfocado en mis tareas, no advertí que el escenario a mi alrededor había cambiado.  De pronto me di cuenta que a las personas les gustaba trabajar conmigo y varios gerentes, de fuera de Chile, me pedían para participar en varios de sus proyectos.
Tras la adquisición de una empresa que desarrolló servidores  de alto rendimiento, sistemas operativos y tecnología usada en prácticamente todos los artefactos eléctricos y mecánicos al día de hoy, es que vino una nueva oportunidad. Me había enterado de que se formaría un equipo de ochenta personas y cinco gerentes en Chile y buscaban a alguien con experiencia que pudiese ayudar en la implementación de ese proyecto. Fue así, como solicité una reunión con uno de los  directores globales y comenzamos a hablar al respecto. Ahí fue cuando aprendí a negociar: ellos necesitaban algo que yo poseía y yo me presenté como la solución a sus necesidades.


Tres años después, y ya con las operaciones del negocio funcionando a toda marcha, estaba a cargo de un equipo de diecisiete personas y dirigiendo uno de los proyectos más entretenidos hasta ahora.
La narración de la historia suena simple, pero no han sido pocos los obstáculos que mi equipo y yo hemos tenido que sortear para llegar hasta donde estamos. Aprendí de política, de influencias y de humanidad. Me la he jugado, y lo sigo haciendo, por todos los miembros de mi equipo. Aunque a veces
esto no resulta tan evidente para algunos, y no tiene por qué serlo tampoco.
Hubo veces en las que me encerré a discutir acaloradamente con mis jefes cuando algo no me parecía correcto. Y hoy, mirando hacia atrás, veo que fue lo mejor que pude haber hecho.  Defender un punto de vista, con argumentos sólidos, mirada estratégica y perspectiva fue lo que ayudó a cimentar las bases de confianza y lealtad en mi equipo. Dejé de evadir los problemas y comencé a ser más espontáneo y honesto, conmigo mismo y con los demás.

Las ganancias superaron con creces la inversión (ROI) - para la organización y para mi - no solo económica, sino también en tiempo y costo personal que implica dirigir un proyecto, que impacta a más de ciento cincuenta y seis empleados de una organización  y cientos de clientes que pagan miles de dólares por productos y servicios de primera calidad.